En Eibar, el Día de San Marcos, el 25 de abril, fue durante mucho tiempo una fecha importante. Hoy, sin embargo, pasa casi desapercibida, diluida entre el calendario laboral y la pérdida de muchas costumbres que marcaron la vida social de la ciudad. Pero para varias generaciones de trabajadores, especialmente para quienes desempeñaban labores de oficina, San Marcos era mucho más que una referencia religiosa: era una jornada de encuentro, de descanso compartido y de identidad laboral.
En la vida cotidiana del Eibar industrial, San Marcos fue considerado durante años patrón de los trabajadores de oficina. Esa condición hizo que el 25 de abril adquiriera un significado especial en muchas empresas, donde administrativos, contables y personal de gestión celebraban su día.
“"Tal día como hoy nos juntábamos los trabajadores de oficina y, en mi caso, en Alfa la empresa pagaba una comida."
Un antiguo trabajador de la empresa Alfa recuerda que la compañía pagaba una comida a los empleados de oficina con motivo de San Marcos. Aquellas reuniones tenían algo de celebración profesional y de convivencia, permitiendo salir de la rutina y reforzar vínculos en una época en la que la empresa era, para muchos, una prolongación de la vida social.
Otra antigua trabajadora rememoraba también ese ambiente con nostalgia. Para ella, San Marcos era una fecha esperada, una jornada distinta dentro del calendario laboral, en la que los compañeros se reunían sin la presión del trabajo diario. Eran tiempos en los que las relaciones dentro de las empresas tenían una dimensión más cercana y en los que determinadas festividades contribuían a crear sentimiento de pertenencia.
Con el paso de los años, sin embargo, la celebración se fue apagando. Cambiaron las estructuras empresariales, desaparecieron grandes plantillas, se transformaron las relaciones laborales y muchas de aquellas costumbres dejaron de practicarse. Lo que antes era una fecha marcada en el calendario de oficina hoy apenas se recuerda fuera de quienes la vivieron.
En aquel Eibar industrial, las fiestas industriales eran muy comunes. Cabe recordar Santa Bárbara, la fiesta de los armeros, y San Eloy, asociado a oficios finos del metal. Grandes empresas como Alfa, Orbea, GAC, BH y Lambretta generaban su propia vida social con comidas, campeonatos y excursiones. Con la crisis industrial y el cierre de muchas fábricas, esa cultura festiva obrera también se fue perdiendo.
Además, era costumbre en Eibar alargar el fin de semana hasta el lunes, jornada que se aprovechaba para presenciar los partidos de pelota. Según la explicación atribuida al escritor eibarrés Toribio Echevarría, el lunes era un día muy ligado a la afición pelotazale local, y por eso al frontón le pusieron Astelena, 'lunes' en euskera.




