Recientemente, el debate sobre el posible cierre del canal ETB3 puso de manifiesto la tensión entre los creadores y consumidores de contenido en euskera. Aunque la situación pareció resolverse tras las quejas iniciales y la recogida de firmas, se ha subrayado que la necesidad de productos en euskera en la sociedad es innegable.
La cultura y el entretenimiento son indispensables para el desarrollo individual y social. Sin ellos, es como privar a un idioma de un pilar básico, lo que tiene un impacto directo en la identidad de un pueblo. En el caso de los niños, por ejemplo, programas como Go!azen, Shin Chan o Doraemon son referencias culturales esenciales.
Para muchas generaciones, la canción de inicio de Doremiren Magia, la voz de Doraemon (Ane Aseginolaza), los artilugios de Berebiziko Espioiak, las aventuras de Hartz Txiki, traducciones como Sakura, kartak zakura, Autobus Magikoa y Andereño Kizkurne, o las ocurrencias de Lazkao Txiki, forman parte de su infancia. Eliminar este tipo de contenidos conlleva un gran riesgo desde la perspectiva del idioma, la cultura y la identidad nacional.
El incidente reciente no es un caso aislado, sino que refleja una falta de interés general hacia el público euskaldun. La televisión pública debe estar al servicio de todos los ciudadanos, y no ser esclava de pérdidas y ganancias económicas. El objetivo es ofrecer un servicio de calidad, accesible y en euskera.




