El primer gran domingo de playa del año ha dejado imágenes más cercanas al caos que a la jornada placentera esperada por miles de bañistas. Conductores dando vueltas durante más de una hora para aparcar y trabajadores de hostelería obligados a caminar veinte minutos hasta sus puestos, en un día marcado por las altas temperaturas, con 34,6 grados de máxima y previsiones de ascenso hasta los 37 y 38 durante esta semana.
La escena más llamativa se ha producido en la playa de Laga. El principal aparcamiento del arenal, cerrado desde hace semanas por el proyecto para ampliar la zona dunar, ha aparecido abierto este domingo pese a las medidas instaladas para impedir el acceso. Según relatan vecinos de la zona, alguien habría retirado las cintas, barreras y bridas metálicas colocadas en la entrada y numerosos vehículos accedieron al recinto. «Al parecer, un espontáneo ha abierto la barrera y los coches han entrado por la desesperación», explica Eder, vecino de la zona. «Desde el jueves está siendo una auténtica locura. Ha tenido que acudir la Ertzaintza y en alguna ocasión también la Guardia Civil para poner orden, multar coches y retirarlos», añade.
El cierre del estacionamiento principal, con capacidad para entre 250 y 300 vehículos, continúa generando malestar entre residentes y usuarios habituales de la playa, que denuncian la ausencia de alternativas suficientes para absorber la afluencia de visitantes. «Un día nos encontramos el parking cerrado y el aparcamiento más cercano está ahora a tres o cuatro kilómetros. Estamos aparcando en arcenes porque no hay sitio, en la calzada y en los bidegorris, y ha habido hasta accidentes», lamenta Joseba, residente en Ibarrangelu e integrante de la plataforma Laga Baketan Laga. Los vecinos temen que la situación empeore con la llegada del verano y han convocado una nueva concentración para el próximo domingo.
En Gorliz, la situación se produce además en un contexto de incertidumbre sobre la nueva OTA, que sigue sin ponerse en marcha pese a que la ordenanza municipal contemplaba su activación a mediados de mayo. La adjudicación del servicio continúa pendiente y todavía no se han instalado las máquinas necesarias. Las playas de Gorliz y Plentzia han presentado una gran afluencia de visitantes desde primera hora y los aparcamientos comenzaron a llenarse mucho antes de lo habitual. A las once, encontrar un hueco libre se había convertido ya en una tarea complicada para cientos de conductores. «A las nueve de la mañana estaba casi todo el parking grande ocupado. Una locura. La gente ya se lo venía venir», comenta Nacho, vecino del municipio. Según explica, el problema ha provocado incluso nuevas prácticas entre algunos propietarios de plazas privadas. «Ahora lo que está haciendo la gente es sacar sus coches particulares del garaje, aparcarlos en la calle cuando encuentran sitio y luego alquilar la plaza. Negocio total. Es una locura y ahora que viene el verano habrá que ver cómo se gestiona», señala.
La falta de estacionamiento también ha provocado momentos de tensión. Una pareja joven abandonaba la zona visiblemente molesta después de recibir una multa. Según relataba la mujer, llevaban largo rato recorriendo calles y aparcamientos cuando localizaron una zona delimitada con conos. Decidieron retirarlos para estacionar el vehículo y poco después fueron sancionados por la Policía Local. Loli, llegada desde Bilbao, calcula que pasó cerca de una hora buscando dónde dejar el coche. «He tenido que aparcar muy lejos y venir andando. Si llego a saber que iba a estar así, habría venido en metro o en autobús», reconoce. Una experiencia similar ha vivido Txema, desplazado desde Barakaldo con su familia. «No tenía ni idea del tema de la OTA. No pensé que iba a estar tan lleno», explica. Tras recorrer sin éxito varias zonas de aparcamiento, ha optado por dejar a su mujer y a sus hijas en la entrada de la playa y continuar solo la búsqueda de una plaza libre.
La situación afecta también a quienes acuden diariamente por motivos laborales. Óscar, camarero del bar restaurante Okela, asegura que aparcar se ha convertido en uno de los principales problemas de la jornada. «Lo solemos dejar en el parking del Eroski, que está a unos veinte minutos andando, y venir caminando desde allí», explica. «Como no regulen esto, va a ser imposible trabajar». Con el verano a la vuelta de la esquina, la jornada ha vuelto a evidenciar un problema recurrente en la costa vizcaína: la falta de aparcamiento en los días de buen tiempo.




