A menudo, los padres dudan sobre la idoneidad de los cuentos de miedo para los niños, especialmente en el rango de edad de 4 a 6 años. Sin embargo, según los expertos, la forma más efectiva de superar el miedo no es evitarlo, sino jugar con él y trabajarlo a través de la imaginación.
Desde la perspectiva adulta, las historias de miedo pueden ser preocupantes, pero los niños las viven de otra manera. Ellos juegan con la simbología del miedo, y no con las preocupaciones y prejuicios de los adultos. En las sesiones de cuentacuentos, los niños se sientan en el suelo, con los ojos bien abiertos, esperando lo que va a suceder, con intriga y anhelo, mientras los padres, con cierta desconfianza.
“"Uxa uxa beldurra… ¿quién está temblando?/ el corazón está, bum bum, bum bum/ Uxa uxa beldurra… ¿quién está temblando?/ el dedo de la mano está, ñir-ñir, ñir-ñir…."
La serie de palabras mencionada, un mantra inicial inventado por el cuentacuentos, sirve para sumergir a los niños en el mundo seguro de los cuentos antiguos. Este mundo es un espacio propio que los seres humanos hemos creado en nuestra psique, heredado de nuestros ancestros para comprender el mundo en el que vivimos. Los niños, ansiosos por conocer el mundo, entran fácilmente en este universo.
Al escuchar los cuentos de miedo, los niños se ponen nerviosos, se asustan y les invaden los escalofríos. A veces, se tapan los ojos con los dedos o se meten bajo las sábanas con su imaginación. La tarea del cuentacuentos es transmitir seguridad al niño, para que pueda jugar con el miedo en el mundo de la psique. Para ello, cuando se utiliza una voz de miedo, la mirada debe ser tranquila y cariñosa, y viceversa.
Así, los niños jugarán con el miedo y asimilarán que “no pasa nada”, saldrán de debajo de las sábanas y los dedos no serán los barrotes de la cárcel del miedo. El final del mantra inicial se cierra con la frase “Uxa uxa beldurra, ¿quién está temblando, el cuerpo del monstruo que se asusta contigo...”, subrayando la conexión entre el miedo y el juego.




