Residencia universitaria de Bilbao pierde 40 matrículas por inseguridad

Los responsables de la residencia Resu Blas de Otero han solicitado ayuda a la UPV/EHU y al Ayuntamiento de Bilbao ante la creciente sensación de inseguridad en el entorno.

Imagen genérica del exterior de una residencia universitaria en Bilbao, con un mercado improvisado en el fondo.
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Imagen genérica del exterior de una residencia universitaria en Bilbao, con un mercado improvisado en el fondo.

La residencia universitaria Resu Blas de Otero, ubicada en Bilbao La Vieja, ha registrado la pérdida de 40 matrículas de estudiantes este curso debido a la percepción de inseguridad en su entorno.

La residencia universitaria Resu Blas de Otero, situada en la calle Cortes de Bilbao La Vieja, ha experimentado una disminución de 40 matrículas de estudiantes durante el presente curso académico, atribuida a la creciente sensación de inseguridad en sus alrededores. La dirección del alojamiento, dependiente de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), ha solicitado la intervención tanto del Ayuntamiento de Bilbao como de la propia institución educativa para abordar esta problemática.
Las reseñas de usuarios en internet, aunque elogian el buen servicio del personal, critican mayoritariamente el entorno por considerarlo “inseguro”. Comentarios como “terrible ubicación”, “ambiente muy chungo” o “es el Bronx” reflejan la preocupación de los residentes.

Es horrible. Estamos desesperados.

La responsable de la residencia ha manifestado que, a pesar de haber solicitado ayuda a las autoridades hace un par de meses, aún no han recibido una respuesta concreta, lo que les genera una profunda “desesperación”.
Inaugurada en 2004 como un símbolo de regeneración del barrio y reformada en 2013, la residencia se encuentra actualmente frente a un bazar improvisado y una chatarrería. La directora lamenta el aumento exponencial de vendedores ambulantes en los últimos dos años, lo que ha derivado en peleas y suciedad en la zona. “El problema no es el barrio. Llevamos tiempo aquí”, puntualiza.
Aunque la presencia policial esporádica logra dispersar a los vendedores, la responsable propone una solución más duradera: “Si pusieran una patrulla o dos fijas en este punto hasta que entiendan que no pueden hacer eso aquí, se solventaría”.