Conmovedor testimonio de un superviviente del bombardeo de Gernika, casi un siglo después

Un testigo directo comparte sus recuerdos, ofreciendo una visión cruda de una vida marcada por la guerra, la enfermedad y el exilio.

Imagen de un pueblo destruido tras el bombardeo de Gernika, con escombros y humo.
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Imagen de un pueblo destruido tras el bombardeo de Gernika, con escombros y humo.

Un superviviente del bombardeo de Gernika, con casi 99 años, ha compartido sus vivencias, ofreciendo un testimonio de una vida marcada por la guerra, la enfermedad y el exilio, manteniendo viva la memoria de este histórico suceso.

Un superviviente del bombardeo de Gernika, con casi 99 años, ha compartido sus vivencias. Su testimonio, reflejo de una vida marcada por la guerra, la enfermedad y el exilio, mantiene viva la memoria de este histórico suceso. En sus propias palabras, “todo lo que cuento es verdad”, lo que subraya la veracidad de sus recuerdos.
Nació en Gernika el 13 de julio de 1927, en la calle San Juan, número 33. Era el benjamín de ocho hermanos, y hoy es el único que sigue con vida. Su infancia fue dura, incluso antes de la guerra. En 1935, el tifus asoló a su familia, cobrándose la vida de dos de sus hermanos mayores, de 18 y 20 años. Uno de ellos, Luis, era futbolista del Athletic Club en categorías juveniles.
El golpe de Estado de los generales españoles y la consiguiente guerra llevaron a uno de sus hermanos a alistarse como miliciano para luchar contra el fascismo, combatiendo en el frente de Orduña y también en el frente del Ebro, en la histórica batalla de Belchite. Su padre, Luis Diego, de ideología socialista, también sufrió represión tras la guerra. Fue detenido por la Guardia Civil y condenado a seis años de prisión en los escolapios de Bilbao.

"Cuando explotaban las bombas, la onda expansiva nos levantaba del suelo. La gente gritando. Dantesco, era dantesco."

Un superviviente del bombardeo de Gernika
El 26 de abril de 1937, cuando los nazis e italianos bombardearon Gernika, tenía nueve años y diez meses. Al comenzar el bombardeo, se refugió en la casa del Conde Arana con su madre y su hermana. El ataque duró más de tres horas, dejando la ciudad completamente devastada. Su casa desapareció, y la familia emprendió un largo viaje a pie hasta Zamudio, luego a Cantabria, Francia y finalmente Cataluña.
Tras la guerra, regresaron a Euskadi y se establecieron en Elgoibar. Sus padres, que habían tenido una carpintería y una heladería en Gernika, trabajaron como traperos y chatarreros. Este superviviente encontró en la música una forma de reconstrucción personal, tocando en la Banda de Elgoibar durante más de 50 años.