“"Son tres fases. La primera consta de ocho sesiones semanales. Las tres primeras son de preparación para dejar de fumar, entre la tercera y la cuarta fijamos el Día D, que es el día en el que se deja definitivamente el tabaco; y de la cuarta a la octava trabajamos la prevención de recaídas, que es lo más complicado."
La Asociación Contra el Cáncer impulsa terapia para dejar el tabaco en Gipuzkoa
La Asociación Contra el Cáncer en Gipuzkoa ofrece una terapia grupal para abandonar el tabaquismo, dirigida específicamente a pacientes oncológicos desde el barrio de Riberas de Loiola.
Por Erredakzioa Euskadi Egunkaria
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Imagen genérica de un cigarrillo encendido con humo, con un fondo borroso de una sesión de terapia grupal.
La Asociación Contra el Cáncer en Gipuzkoa impulsa una terapia grupal para dejar de fumar, enfocada en pacientes oncológicos desde el barrio de Riberas de Loiola, ante la dificultad de abandonar el hábito incluso tras un diagnóstico de cáncer.
Una calada, a menudo percibida como un gesto inocente, esconde una profunda dependencia. En Gipuzkoa, el 19,2% de la población sigue siendo fumadora, según datos del INE. Incluso un diagnóstico de cáncer no siempre garantiza el abandono inmediato del tabaco. Para abordar esta realidad, la Asociación Contra el Cáncer ha puesto en marcha una terapia grupal en el barrio de Riberas de Loiola, específicamente diseñada para pacientes oncológicos.
Este programa, que lleva años funcionando con una tasa de éxito cercana al 60%, ha reorientado ahora su enfoque, poniendo mayor énfasis en el paciente oncológico. Maider Sierra, psicóloga de prevención de Contra el Cáncer en Gipuzkoa, explica que "aunque pueda parecer lo contrario, no todas las personas dejan de fumar tras un diagnóstico". Algunas lo hacen por el impacto inicial, pero recaen, y otras nunca se han sentido capaces.
La terapia se desarrolla en grupos reducidos, de unas ocho personas, y sigue una estructura clara que combina preparación, intervención y acompañamiento a largo plazo. Las ocho sesiones iniciales se realizan semanalmente, seguidas de sesiones de seguimiento a los tres, seis y doce meses. En total, once sesiones distribuidas a lo largo de doce meses, respondiendo a la naturaleza compleja de la adicción.
Sin embargo, el programa no siempre llega fácilmente a la gente. Actualmente, el taller no se está desarrollando por falta de participantes. Maider Sierra reconoce que "nos está costando que llegue a la gente". Las razones son diversas: desconocimiento del servicio o barreras emocionales. El peso psicológico del cáncer también influye, ya que algunos sienten culpa o consideran que ya tienen suficiente con el proceso oncológico como para afrontar otro desafío.
El problema del tabaco ya no se limita al cigarrillo tradicional. La asociación advierte sobre el preocupante auge de los vapers y otros productos con nicotina, especialmente entre los jóvenes. "Cada vez trabajamos más este tema en colegios, institutos y universidades", explica Maider. Están observando que alumnos de cuarto o quinto de primaria ya consumen vapers, lo que ha generado un mercado informal entre menores, donde "se están vendiendo caladas".
La percepción errónea de que vapear es menos perjudicial que fumar está muy extendida, pero Sierra subraya que "no es mejor para nada". Aunque en Euskadi estos dispositivos están equiparados al tabaco tradicional, no siempre ocurre lo mismo en otros territorios, lo que genera confusión y facilita su uso en espacios donde debería estar prohibido. Para la asociación, la prevención pasa por informar, especialmente a las generaciones jóvenes, y desmontar la idea de que existen alternativas inocuas.
La terapia grupal ofrece apoyo e identificación en un contexto donde fumar se ha vuelto cada vez más solitario. "Se genera un ambiente muy bonito. Se entienden entre ellos, comparten, aprenden juntos". Además, dejar de fumar tiene un impacto directo en el tratamiento oncológico, mejorando la respuesta a la quimioterapia, radioterapia e inmunoterapia, facilitando la oxigenación y recuperación celular, y reduciendo el riesgo de recaídas o de desarrollar un segundo cáncer. Emocionalmente, también ayuda a gestionar la ansiedad y las emociones.
Quienes logran dejarlo experimentan un profundo fortalecimiento de la autoestima. "Son personas que lo han intentado muchas veces, que vienen en una situación muy vulnerable. Cuando lo consiguen el giro que le dan a su vida es impresionante", afirma Maider Sierra. Estas personas, además, suelen animar a otras, sirviendo sus historias como espejo e impulso. Antes de unirse al grupo, cada paciente pasa por una entrevista previa para valorar si es el momento adecuado y si este enfoque es el que necesita, ya que dejar de fumar es un proceso que requiere tiempo, apoyo y acompañamiento.



