Donostia recupera su procesión de Semana Santa tras 59 años de ausencia

Miles de ciudadanos acompañaron el regreso de la Cofradía de Jesús Nazareno en un desfile sobrio que recorrió el centro de la ciudad.

Imagen genérica de una procesión nocturna, luces cálidas y figuras borrosas.
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Imagen genérica de una procesión nocturna, luces cálidas y figuras borrosas.

La ciudad de Donostia-San Sebastián fue testigo del regreso de su procesión de Semana Santa este Viernes Santo, 59 años después, con la participación silenciosa y masiva de miles de ciudadanos.

Las calles de Donostia-San Sebastián volvieron a acoger la procesión de Semana Santa este Viernes Santo, más de medio siglo después. El acto, que tuvo lugar en el exterior de la Catedral del Buen Pastor, congregó a varios miles de personas, donde reinó el silencio a pesar de la gran expectación generada y una notable participación.
A las 20:00 horas, la carraca de la Catedral del Buen Pastor comenzó a sonar, sustituyendo al repique de campanas y anunciando la inminente salida. Tres avisos, espaciados en quince minutos, fueron suficientes para reunir a una multitud de donostiarras y visitantes en el entorno del templo. Puntualmente, a las 20:30 horas, la comitiva echó a andar tras la conclusión de los oficios religiosos.
La Cruz de Guía y el estandarte de la Cofradía de Jesús Nazareno abrieron un desfile sobrio, tal y como habían anticipado los organizadores. El obispo de Donostia, Fernando Prado, estuvo presente. Tras ellos, niños ataviados con vestimenta hebrea y la banda de txistularis dieron paso a las primeras filas de nazarenos, con túnicas y capirotes morados, que avanzaron en orden precediendo al paso del Nazareno y la imagen de la Verónica.
El cortejo mantuvo una cadencia constante a lo largo del recorrido por el centro, entre las calles Urdaneta, Hondarribia, San Martín y la Avenida de la Libertad, donde el público acompañó en silencio. Tras el primer bloque, un segundo grupo de nazarenos, tambores y niños portando símbolos de la Pasión —coronas de espino o clavos— introdujo el paso del Cristo Yacente, uno de los momentos más recogidos de la noche.
La procesión alcanzó la plaza Gipuzkoa, donde se realizó la estación oracional prevista, antes de emprender el regreso por las mismas calles. En el tramo final, las Tres Marías y la Virgen de la Soledad avanzaron entre cirios, seguidas de la cruz alzada, el clero y la banda de música. Tras ellos, numerosos fieles, muchos vestidos de calle y con velas en la mano, se sumaron al cortejo manteniendo el tono de respeto que había solicitado la organización.
El regreso de la procesión, impulsado por la recuperación de la histórica cofradía fundada en 1929, reunió finalmente a varios centenares de participantes y devolvió a la capital guipuzcoana una tradición ausente durante 59 años. La respuesta ciudadana masiva confirmó el interés que había despertado la iniciativa desde su anuncio y dejó una imagen poco habitual en la ciudad, con el centro envuelto en un ambiente de recogimiento que acompañó todo el recorrido hasta el regreso al templo.