Dirk Morenweiser, nacido en Kiel (Alemania) en 1964, comenzó a visitar Euskal Herria a finales de los años 80 como turista, atraído por intereses políticos y culturales. A principios de los 90, tomó la decisión de quedarse, y desde 1994 vive en Arrasate. Su ciudad natal, Kiel, es una urbe portuaria de unos 250.000 habitantes, que fue casi completamente destruida durante la Segunda Guerra Mundial, lo que llevó a una reconstrucción rápida donde la estética no fue una prioridad.
Morenweiser conoció Euskal Herria gracias a unos jóvenes de Eibar que conoció en Berlín y que le invitaron a visitar la región. Tras varios años regresando de vacaciones, en 1992 decidió establecerse. Vivió inicialmente en Vitoria-Gasteiz, luego en Donostia en 1993 como profesor de alemán, y finalmente en Arrasate en 1994, al enterarse de que una empresa local necesitaba un profesor de alemán. Expresó su preferencia por el interior de Gipuzkoa, considerándolo más “auténtico” que Donostia, donde sentía que el carácter vasco se reflejaba menos.
“"Creo que una persona que migra debe estar segura de dar el paso."
La integración de Morenweiser estuvo marcada por su sorpresa ante el “zirimiri” (llovizna), la abundancia de fiestas (como el Día del Ganso de Lekeitio, los Sanfermines y Maritxu Kajoi) y la presencia del euskera. Destacó sociológicamente la importancia de las cuadrillas y el entusiasmo de la gente por organizar actividades, contrastando con el mayor individualismo observado en otras partes de Europa. La adaptación fue fácil al principio, como turista, pero aprender euskera ha sido un gran desafío. Aunque se defiende en castellano, reconoce que dominar el euskera le abriría más puertas.
Según Morenweiser, en los años 90 era uno de los pocos extranjeros, y al principio sintió una especie de discriminación positiva. Hoy, Arrasate es su hogar, y emocionalmente no se siente extranjero, aunque objetivamente lo sea. En cuanto al aprendizaje del euskera, planea retomarlo cuando se jubile, ya que su trabajo actual como profesor de idiomas le impulsa a dedicar su tiempo libre a otras aficiones. Considera que el euskera es “otra liga” y más difícil de entender en comparación con otras lenguas romances.




