Recuperan el frente de la Guerra Civil en Sopuerta a través de un viaje en el tiempo

Una visita guiada recrea el verano de 1937 en Enkarterri, explorando la defensa de la comarca y la memoria histórica.

Imagen genérica: Personas con atuendos de la Guerra Civil caminando por una región montañosa y árida de Euskadi, con una figura borrosa operando un dispositivo que evoca un viaje en el tiempo.
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Imagen genérica: Personas con atuendos de la Guerra Civil caminando por una región montañosa y árida de Euskadi, con una figura borrosa operando un dispositivo que evoca un viaje en el tiempo.

Una visita guiada recrea el frente de la Guerra Civil en Sopuerta, evocando el verano de 1937 y la defensa de Enkarterri para explorar la memoria histórica.

Al doblar una curva, un miliciano da el alto a las cuarenta personas que marchan en fila. Entre exclamaciones de sorpresa, se detienen para reponer fuerzas mientras él activa la máquina del tiempo. “Aquí no había árboles, estaba todo pelado porque con vegetación una bomba podría haber originado un incendio”, explica Patxi, alter ego del investigador de Aranzadi e impulsor del blog Crónicas a pie de fosa de Jesús Pablo Domínguez Varona. El viaje al pasado se detiene en el verano de 1937, cuando el frente de la Guerra Civil amenazaba con abatirse sobre Enkarterri tras la caída de Bilbao en manos franquistas “justamente, tal día como hoy, un 19 de junio”, apunta Janire Rojo, guía del Museo de las Encartaciones.
Las personas inscritas en la visita se pusieron en la piel de quienes intentaron defender la comarca “desde las montañas” en clara desventaja en cuanto a efectivos y medios. Para ello, emprendieron una ruta a pie al llamado sector Cabezamonte-Bezi, en Sopuerta, donde todavía se buscan restos de fallecidos.
Previamente, en la Casa de Juntas de Abellaneda Janire Rojo había contextualizado cómo la proclamación de la República el 14 de abril de 1931 llegó fruto de un descontento generalizado e introdujo “reformas agrarias, la profesionalización del ejército, la proclamación de las autonomías y una educación laica, pública, mixta y obligatoria”, entre otras. Mientras tanto, persistía una acusada división entre las ciudades donde el nuevo régimen cosechó un “éxito aplastante” y un campo donde “la monarquía tenía un gran peso y hay que considerar también el peso de los nacionalismos y que acabábamos de salir de las guerras carlistas”.
Al mismo tiempo que Europa asiste al ascenso de fascismo y nazismo ”y un terror absoluto al comunismo ruso”, a partir de 1933 se produce en el Estado un giro gubernamental hacia posiciones más conservadoras. La polarización social salta por los aires con el golpe militar del 18 de julio de 1936. El Gobierno Vasco se posiciona del lado de la República y empieza a movilizarse.
La ruptura del Cinturón de Hierro y la toma de Bilbao marcan el punto de inflexión que Enkarterri teme: el conflicto “se desplaza en cuestión de días a la parte más occidental de Bizkaia”. El 21 de junio de 1937, Zalla, punto de estancia y tránsito de mareas de refugiados, padeció bombardeos que mataron a decenas de vecinos y vecinas. En su memoria a las 12:00 horas se depositará una ofrenda floral en la plaza Euskadi y sonará una sirena antiaérea como las que entonces alertaban a la población de la urgencia de correr a los refugios.
“Un auténtico caos”
"Podéis imaginar un frente republicano con diferentes batallones adscritos a diferentes partidos políticos, cada uno con fusiles y municiones distintas. Aquello era un auténtico caos. De hecho, los rebeldes no los cogían. Como mucho para destruirlos, pero no valían”, describe Varona. A la zona Cabezamonte-Bezi enviaron “a la brigada santanderina, y luego brigadas vascas bastante disueltas”.
En primer lugar, los nacionales “tomaron Larrea, si conseguían avanzar tenían la carretera que venía de Balmaseda, así que era muy importante”. El objetivo, “envolver Sopuerta y castigar La Garbea, que era posición republicana”. Aquí “subieron cañones de media batería, sabemos que dispararon hacia la escuela de La Riva, que se había convertido en un centro de comunicaciones, por lo que había una quinta columna que informaba de dónde atacar”.
Durante las prospecciones “hemos hallado cantidad de material bélico: botones del ejército regular sublevado, balas disparadas, balas sin disparar...” De hecho, al cesar las hostilidades “se emitió una orden para que se prohibiera subir durante tres meses”. Para finalizar el itinerario muestra algunas, desde cascos a emblemas o un plato y una cuchara que humanizan el horror: “Que te digan: sal ahí y toma el monte, a menudo a presos obligados a pelear para el bando contrario...” Y a menudo la tragedia se extendía más allá del frente; las nóminas sirvieron de vehículo para desatar la represión en “juicios o fusilamientos”.
Jesús Pablo Domínguez Varona forma parte de la mesa de la memoria de Ortuella, que acude a centros escolares con una unidad didáctica en la que el mismo miliciano Patxi detalla lo sucedido “para que no pase lo que ahora con la juventud, esos comentarios de que con Franco se vivía mejor, viva España y banderitas, tratamos de contar la verdad”.