“"Teniendo en cuenta que en 1972 Euskadi estaba en una dictadura y que el Partido Comunista era ilegal, la aparición en Abadiño de un destacado dirigente comunista de la URSS acompañado de toda una delegación debió de causar asombro entre los gobernantes de la época."
La historia de la empresa de bicicletas Zeus, reflejo de la industria vasca y las relaciones internacionales
La empresa Zeus de Abadiño se convirtió en un símbolo de la industria y el deporte vasco en el siglo XX, siendo incluso foco de atención internacional.
Por Iker Aguirre Etxebarria
••5 min de lectura
IA
Imagen genérica de una cadena y engranajes de bicicleta vintage, con un fondo industrial difuminado.
La empresa de bicicletas Zeus, con sede en Abadiño, que se erigió como un emblema de la industria y el deporte vasco durante el siglo XX, recibió en 1972 la visita de una delegación soviética, subrayando su relevancia económica y política.
Desde la posguerra, una gran parte de las familias vascas poseían una réplica del Guernica y una bicicleta Zeus en sus hogares. Estos dos elementos, uno de alcance universal y el otro profundamente arraigado en la industria local, encapsulan una parte significativa de la memoria social y económica de Euskadi durante el siglo XX. Resulta notable que, décadas después del conflicto y en un contexto internacional completamente distinto, un representante de alto nivel de la Unión Soviética se desplazara hasta Abadiño para conocer de primera mano esta realidad industrial.
La visita de una delegación soviética a la planta de Zeus en Traña-Matiena en 1972 introduce un factor inesperado que posiciona a esta empresa en un escenario que trasciende lo local y se proyecta hacia el ámbito político. Un exalcalde de Abadiño y actual concejal ha investigado la historia de esta firma, destacando que Zeus Industrial S.A. inició su andadura hace un siglo. Su fundador, Nicolás Arregui Gallastegui, comenzó en Eibar fabricando componentes y recambios para bicicletas en un pequeño taller mecánico, en un periodo en que la industria armamentística de la zona comenzaba su reconversión hacia nuevas producciones.
El gran impulso se produjo en los años setenta, con la inauguración de la planta de Traña-Matiena, en el edificio aún conocido como pabellón Zeus, en la calle Zubibitarte. Allí la empresa experimentó su mayor expansión: llegó a emplear a unas 200 personas y exportaba componentes a más de 60 países. Desde estas instalaciones se desarrollaron innovaciones técnicas relevantes, como una rueda libre presentada en el Salón de Bruselas que permitía combinar piñones y configurar distintos desarrollos de marcha según las necesidades del ciclista, una solución avanzada para su época.
Paralelamente, Zeus también alcanzó una notable proyección deportiva. Sus componentes estuvieron presentes en títulos mundiales en carretera, pista y motor-paced, además de victorias destacadas en el ciclismo estatal, como la Vuelta a España de 1985. La marca patrocinó a ciclistas como Julián Gorospe, Leanizbarrutia, Urien o Juan Tomás Martínez, consolidando su presencia en la élite ciclista de la época.
Fue en ese contexto cuando, en 1972, el dirigente soviético Serguéi Pávlovich Pávlov visitó las instalaciones de Traña-Matiena acompañado de una delegación de la URSS. Había sido el máximo responsable del Komsomol —la organización juvenil del Partido Comunista— durante casi una década, y en ese momento ejercía como principal dirigente de la política de cultura física del país, un ámbito que en el sistema soviético abarcaba también el deporte. Vinculado a posiciones neostalinistas, formaba parte de una generación de cuadros para los que la industria, la disciplina social y el rendimiento físico eran elementos inseparables del proyecto político.
La fábrica vasca era entonces un referente del sector y un ejemplo del desarrollo industrial europeo en el ámbito ciclista. Su presencia, al parecer, no era casual: la URSS observaba con atención los modelos productivos occidentales en plena competición simbólica entre bloques. El viaje se enmarcaba en una lógica de intercambio y observación propia de la Guerra Fría, donde la industria y la actividad física funcionaban también como escaparates ideológicos. En ese contexto, la visita a Zeus conectaba una realidad local con las dinámicas globales de la época.
Zeus, en su apogeo, se convirtió así en algo más que una empresa: un punto de encuentro entre innovación técnica, cultura ciclista y proyección internacional.
El fin de la compañía llegó entre 1988 y 1989, en plena crisis industrial. Orbea adquirió los derechos de la marca y cesó la actividad productiva. El pabellón de Traña-Matiena, construido en 1960 con más de 2.500 metros cuadrados, fue posteriormente reconfigurado. Parte del edificio se transformó en garajes —hoy utilizados por cerca de 70 propietarios, en su mayoría vecinos de la zona—, mientras otras plantas se destinaron a usos de almacén y pequeño taller. El antiguo complejo conserva aún la huella de su pasado fabril.
Hoy, la memoria de Zeus sigue viva a través del CDCC Zeus Spain, un curioso club deportivo que busca preservar su legado y recuperar la experiencia de aquellas bicicletas que marcaron una época en la cultura ciclista del país. Con todo, la historia de Zeus permite trazar una línea que conecta la reconversión industrial de Eibar, la expansión internacional de los años setenta y la posterior crisis de la industria vasca. En ese recorrido, la imagen inicial —el cuadro Guernica en la pared y la bicicleta de esta firma en casa— deja de ser una escena doméstica para convertirse en una síntesis de un siglo: memoria, trabajo y modernidad entrelazados en una misma cultura material de acero vasco que por un día estuvo bajo mirada soviética.



