Fatma Lahsen, nacida en los campamentos saharauis (1978), llegó al País Vasco hace cinco años por motivos de salud y acompañada de su hijo menor. Tras vivir en Eibar y Elgoibar, ha elegido Elgeta como su lugar de residencia, donde ha encontrado paz y el apoyo de la comunidad. "Me han acogido muy bien y estoy muy a gusto", ha declarado, y no tiene intención de regresar a su tierra natal.
Soñaba con venir a Europa desde niña, imaginando una vida más fácil. Se casó a los 15 años y tuvo cuatro hijos. En 2018 llegó al País Vasco, impulsada por graves problemas de salud y el tratamiento que necesitaba su hijo pequeño. Tres de sus hijas se quedaron en el Sáhara con su padre. Tras numerosas hospitalizaciones y cirugías, se siente mejor. Su hijo, que entonces tenía dos años y medio, ha crecido allí y no ha querido regresar.
Inicialmente, Elgeta le pareció un pueblo muy pequeño y desconocido, pero el ánimo de su hijo y las relaciones escolares le abrieron puertas. "Con el paso de los días, empezó a gustarme más, y ahora estoy encantada", confiesa. La naturaleza, la tranquilidad y, sobre todo, la acogida de los vecinos han sido determinantes. "Conozco a todos los de Elgeta y son como una familia. Nos han acogido muy bien a mi hijo y a mí", añade.
Trabaja en un bar, lo que también le ha ayudado a integrarse en el pueblo. "No tengo ninguna intención de irme de Elgeta; me gusta la vida de aquí", subraya. Describe la vida en el Sáhara como dura, llena de arena y con pocas oportunidades. Aunque su familia la casó con un hombre de allí, su sueño era venir a Europa.
El viaje no fue fácil, ya que tuvo que dejar atrás a sus tres hijas, y su hijo también inició el nuevo viaje entre lágrimas. Sin embargo, ha construido una nueva vida en Elgeta. "Tenía que solicitar una vivienda en Etxebide y, en lugar de elegir tres pueblos, elegí uno: Elgeta", explica, evitando el ruido y las multitudes de las grandes ciudades.
Mantiene costumbres de la cultura saharaui, como vestir el melfa y tomar té, aunque no siempre sea práctico para el trabajo. También celebra el Ramadán y la Fiesta del Cordero, a veces reuniéndose con su familia en Gasteiz, pero celebra la Navidad y el Día de Reyes con los de Elgeta.
Echa de menos a sus hijas, a las que no ve desde hace ocho años, comunicándose solo por videollamada. "Me gustaría que vinieran aquí", expresa, aunque sus intentos no han tenido éxito.
Una de las razones para vivir en Elgeta es el euskera. "Para que mi hijo aprenda muy bien el euskera", explica, destacando que el uso del euskera en el pueblo es del 100%, en comparación con Eibar y Elgoibar. Aunque solo sabe palabras básicas, estaría dispuesta a apuntarse a un grupo de euskera, ya que le resulta difícil ir a Bergara o Eibar por trabajo y citas. Considera a los vascos "su otra familia".
Cuando llegó al País Vasco, no entendía ni euskera ni castellano. Aprendió francés en el Sáhara, y entiende y habla algo de castellano, aunque no lo domina por completo.




