El director Txemi Etxebarria, al frente de la Philips Symfonie Orkest, ofrecerá un concierto muy especial el próximo 2 de mayo en la parroquia de San Pedro de Bergara, su localidad natal. Este evento tiene un profundo significado personal para el director, ya que supone un regreso a los orígenes de su carrera musical, ante la presencia de amigos y vecinos de su pueblo.
“"Va a ser un concierto muy especial. Hacerlo en mi pueblo, con vecinos y amigos entre el público, lo convierte en algo único."
Este concierto será el cierre de la gira de la formación que Etxebarria dirige desde hace más de dos años. Un recorrido que se iniciará en el Teatro Arriaga de Bilbao, hará escala en Donostia, concretamente en Musikene, donde el director también impartirá una masterclass, y culminará en Bergara. Etxebarria ha recordado que fue en la parroquia de San Pedro, con apenas 11 años y una trompa, donde ofreció su primer recital, un momento que resuena con fuerza hoy.
La Philips Symfonie Orkest, con sede en Eindhoven, cuenta con más de 80 músicos y opera con una estructura casi profesional, posicionándose como una de las formaciones sinfónicas semiprofesionales “más grandes y reconocidas” de los Países Bajos. Nacida originalmente entre empleados de la empresa Philips, la agrupación reúne a intérpretes que comparten una misma pasión por la música clásica.
La gira marca también un hito en la trayectoria reciente de la orquesta, al suponer su estreno más allá de las fronteras de Holanda bajo la dirección de Etxebarria. Les acompañarán la Sociedad Coral de Bilbao, dirigida por Enrique Azurza, y la soprano Estíbaliz Sánchez. Juntos darán forma a un programa de gran exigencia artística, que incluye el luminoso Gloria de Francis Poulenc y la Sinfonía nº 10 de Dmitri Shostakóvich, dos destacadas obras del siglo XX.
El concierto se enmarca en el 140 aniversario de la Sociedad Coral de Bilbao, una efeméride que comparte con la Universidad de Deusto y la Cámara de Comercio. Esta triple celebración ha impulsado la gira, y en Bergara, el evento adquiere una dimensión emocional muy distinta, convirtiéndose en un reencuentro lleno de significado para el director ante un público mayoritariamente conocido.




