El Ayuntamiento de Gernika-Lumo prevé la apertura de su nueva biblioteca para el próximo verano, tras una inversión de 1,5 millones de euros en el histórico edificio del Pasealeku. Las obras comenzarán a principios de septiembre y se prolongarán durante diez meses, transformando este emblemático inmueble en un espacio de lectura amplio, accesible y moderno, adaptado a las necesidades del siglo XXI.
La ejecución del proyecto correrá a cargo de la empresa bilbaína Construcciones Castellano S.A., especializada en la rehabilitación de edificios históricos. Los trabajos respetarán el valor histórico del inmueble, declarado Bien Cultural por el Gobierno Vasco, y adaptarán su interior a las exigencias de un equipamiento cultural contemporáneo.
El presupuesto asciende a 1,5 millones de euros. La empresa adjudicataria se ha comprometido a reducir el plazo inicial de ejecución en dos meses. El proyecto conservará la envolvente del bloque sur de las antiguas escuelas públicas del Pasealeku, uno de los escasos edificios que sobrevivieron al bombardeo de Gernika de 1937.
La futura biblioteca llevará el nombre de José Antonio Arana Martija, bibliotecario, académico de Euskaltzaindia e investigador gernikés, en reconocimiento a su contribución al patrimonio cultural vasco. El nuevo equipamiento triplicará la superficie útil de la actual biblioteca hasta alcanzar los 715 metros cuadrados.
El diseño, firmado por el estudio de arquitectura e interiorismo Moest Sociedad Microcooperativa y la arquitecta Saioa Lafón Los Arcos, plantea un espacio diáfano organizado alrededor de una gran sala longitudinal de lectura. Se concede un papel protagonista a la luz natural y a la relación visual con el Pasealeku.
Se incluirá un nuevo núcleo de comunicaciones en el volumen central del inmueble. Además de garantizar la accesibilidad universal, conectará directamente el Pasealeku con el anfiteatro Seber Altube mediante un ascensor que funcionará también como elevador urbano, facilitando la movilidad peatonal entre las calles Juan Calzada y Allende Salazar, considerando los desniveles del entorno.
El proyecto contempla la recuperación de los huecos originales de la fachada y la reubicación del frontón, elemento vinculado a la identidad de la plaza, cuyo uso se mantendrá tras las obras. La intervención apuesta por una arquitectura limpia y atemporal, combinando la preservación de un edificio simbólico con la creación de un espacio cultural abierto y accesible.




