Labetxu: El 'Valle de los Colores' de Euskal Herria y sus secretos geológicos

El singular paisaje costero de Jaizkibel ofrece un escenario de ciencia ficción, resultado de millones de años de erosión.

Imagen del colorido Valle de Labetxu, en contraste con el mar azul.
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Imagen del colorido Valle de Labetxu, en contraste con el mar azul.

La vertiente marítima del monte Jaizkibel esconde uno de los secretos geológicos más sorprendentes de Euskal Herria: Labetxu, conocido como el "Valle de los Colores".

Este rincón costero ofrece un escenario que parece sacado de una película de ciencia ficción, donde la erosión ha esculpido la piedra y la arenisca creando formas impresionantes. Ubicado entre Pasaia y Hondarribia, es una excursión ideal de un día para quienes buscan una aventura diferente sin alejarse mucho.
La singularidad de este paraje reside en su composición mineral. Las formaciones de arenisca han sido moldeadas durante millones de años por el viento salino y el oleaje. Las diferentes capas de sedimentos y minerales, especialmente los óxidos de hierro, tiñen las paredes rocosas de tonos rojos, amarillos, ocres y blancos, contrastando con el azul del mar. El Departamento de Medio Ambiente de la Diputación Foral de Gipuzkoa señala que los acantilados de Jaizkibel configuran "un patrimonio geológico de relevancia internacional" por la presencia de paramoudras y tafonis.
Aunque las imágenes de este valle son populares en redes, es importante saber que no es un paseo cómodo ni una ruta para tomar a la ligera. El recorrido habitual oscila entre cuatro y ocho kilómetros, con un desnivel acumulado de 400-500 metros que exige estar acostumbrado a caminar por el monte. El sendero no está claramente balizado y es fácil perderse entre la vegetación o encontrar tramos de barro y roca resbaladiza.
Para organizar la jornada con seguridad, es fundamental consultar la tabla de mareas, ya que algunas de las formaciones rocosas más espectaculares solo quedan al descubierto durante la marea baja. Además, debido a la escasa cobertura móvil en los barrancos, se aconseja llevar el mapa o la ruta descargada en el teléfono. Es una caminata de unas tres horas, exigente pero con vistas que merecen la pena.
Tras el esfuerzo de la caminata en Jaizkibel, se puede reponer fuerzas en dos localidades marineras. Descendiendo hacia la bahía de Pasaia, el pescado es el rey absoluto. Platos como el cogote de merluza, el rape a la brasa o calamares en su tinta son paradas obligatorias. En Hondarribia, la Hermandad De Pescadores es muy recomendable por su pescado y calidad.
El plan del día no termina con la caminata y la comida. Las faldas de Jaizkibel conectan con alternativas magníficas para pasar la tarde. Si se elige la zona de Pasaia, una visita indispensable es Albaola, la Factoría Marítima Vasca, donde se puede contemplar la reconstrucción artesanal del galeón San Juan.
Si se prefiere un paseo, Hondarribia ofrece un conjunto precioso para visitar por la tarde. Recorrer el barrio de La Marina con sus casas de pescadores o subir al casco viejo amurallado permite exprimir las últimas horas de luz.