La Lucha por una Vivienda Digna: El Caso de Endika Azurmendi en Bilbao

Endika Azurmendi, un cocinero de 64 años con cáncer, Covid persistente y un 60% de discapacidad, denuncia el «abandono institucional» mientras vive sin hogar en Bilbao.

Imagen genérica de una persona con las manos sobre un andador en una calle de Bilbao, sugiriendo dificultades.
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Imagen genérica de una persona con las manos sobre un andador en una calle de Bilbao, sugiriendo dificultades.

Endika Azurmendi, un cocinero de 64 años con cáncer, Covid persistente y un 60% de discapacidad, denuncia el «abandono institucional» mientras vive sin hogar en Bilbao, buscando una solución a su precaria situación.

Endika Azurmendi, de 64 años, ha dedicado más de tres décadas a la cocina, pero hoy su realidad es dormir donde puede: en trenes hacia Donostia, en salas de espera de hospitales o en trasteros húmedos cerca de la ría. Padece cáncer con metástasis, Covid persistente, apenas puede caminar sin andador y cobra una pensión de 818 euros. A pesar de llevar 12 años inscrito en Etxebide y solicitar vivienda pública, la respuesta ha sido un rotundo «no cumple los requisitos».

"He cotizado toda mi vida. ¿Qué más tengo que hacer y padecer para que me den un techo?"

Endika Azurmendi · Afectado
Azurmendi se aferra a su origen de la Ribera de Deusto como un ancla a una vida que ya no reconoce. Trabajó como cocinero durante más de 30 años, hasta que la pandemia cerró bares y restaurantes. Su último empleo fue en un restaurante de Getxo. En 2023 le diagnosticaron cáncer de pulmón con metástasis, lo que llevó a la extirpación de gran parte de su pulmón derecho y a un devastador proceso de quimioterapia. Durante el tratamiento, contrajo un Covid que le dejó secuelas permanentes, limitando drásticamente su movilidad.
Su salud se ha deteriorado rápidamente: perdió casi toda su dentadura por la quimio, desarrolló glaucoma y cataratas, sufre vértigos, dolores constantes, problemas circulatorios y una obesidad de 180 kilos. Necesita medicación que no puede costear, ya que un tratamiento le supondría unos 300 euros mensuales y no está cubierto por la Seguridad Social al no ser diabético. Con un 60% de discapacidad reconocida y un baremo de movilidad del 28%, recibe una pensión de invalidez total de 818 euros.
Hasta abril de 2025, vivía de alquiler en Bolueta. Cuando la situación se volvió insostenible, decidió hablar con el propietario y marcharse, confiando en que la administración le ayudaría. Sin embargo, en enero de 2026, su solicitud de vivienda municipal fue denegada porque «la pérdida de su vivienda no genera una expectativa protegida de permanencia».
Desde entonces, su vida es un constante peregrinaje. Ha dormido en trasteros húmedos, en hospitales hasta ser desalojado, o en trenes nocturnos para mantenerse caliente. También pasó por un albergue, pero tuvo que abandonarlo en marzo debido a la ocupación por Semana Santa. Su día a día es «una locura», sin saber dónde pasará la noche ni cómo comerá. La burocracia añade más desgaste, con citas médicas y trámites en servicios sociales, Lanbide o Cáritas, donde solo ha encontrado ayuda puntual.
A pesar de todo, cuenta con una red de apoyo: sus amigos de la Ribera de Deusto y, especialmente, su antigua familia del rugby, el Sarriko Rugby Taldea, que ha organizado aportaciones mensuales. Endika insiste en que no busca soluciones temporales, sino estabilidad. Una vivienda le permitiría recuperarse, guardar sus pertenencias, seguir su tratamiento y, sobre todo, vivir con un mínimo de dignidad.