La especie Rugulopteryx okamurae, originaria de aguas asiáticas, fue detectada por primera vez en Europa en 2002 en Francia. Desde entonces, se ha expandido por el sur de la península y ha llegado a las costas de Gipuzkoa y del País Vasco, representando una amenaza para el ecosistema marino local.
Esta alga parda, que varía en color entre el marrón ocre y el verde oliva y puede alcanzar hasta 30 cm de altura, se adhiere a rocas y fondos marinos. Su rápida expansión y la facilidad con la que encuentra un ambiente propicio le permiten desplazar a las especies autóctonas, como ya se ha observado en Andalucía, donde en algunas zonas forma praderas exclusivas.
Iñigo Muxika, investigador de Azti y experto en ecología bentónica, explica que morfológicamente se parece al alga local Dictyota dichotoma, pero su carácter invasor es distintivo. En Gipuzkoa, ha sido detectada en las piscinas naturales y la playa del puerto de Mutriku, así como en los trabajos de seguimiento entre Orio y Hondarribia, donde se ha encontrado en casi todos los puntos de actuación.
Los vectores de entrada de esta alga incluyen embarcaciones, que pueden transportar fragmentos adheridos a sus cascos o mediante aguas de lastre, y la translocación de especies para la acuicultura, como el caso de los mejillones que podrían transportar fragmentos del alga.
El alga se reproduce rápidamente a través de mecanismos sexuales, asexuales y vegetativos. Los fragmentos desprendidos de sus láminas pueden flotar hasta encontrar un sustrato adecuado para fijarse y crecer. La ausencia de herbívoros locales que la depreden también favorece su expansión.
La retirada de esta alga de las playas es complicada una vez que su cobertura es importante. La labor manual es imposible y los métodos mecánicos podrían dañar otras algas autóctonas o fragmentar aún más el alga invasora, promoviendo su propagación.




