La fiesta de Estíbaliz, un éxito con arte, música y deporte

La celebración de Nuestra Señora de Estíbaliz en Araba congregó a cientos de personas en una jornada de pintura, danza y deportes rurales.

Una imagen de la fiesta de Estíbaliz, con gente pintando, bailando y disfrutando de deportes rurales.
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Una imagen de la fiesta de Estíbaliz, con gente pintando, bailando y disfrutando de deportes rurales.

La fiesta de Nuestra Señora de Estíbaliz en Araba atrajo a cientos de personas que subieron al cerro para disfrutar de una mañana de pintura, música y deportes rurales.

La festividad de Nuestra Señora de Estíbaliz se celebró el 1 de mayo, atrayendo a cientos de personas que ascendieron al cerro para disfrutar de una agradable mañana. Familias enteras, ciclistas y algunos turistas compartieron el espacio en una jornada donde el clima fue favorable, con un sol brillante parcialmente cubierto por nubes.
El arte fue uno de los grandes protagonistas con el concurso de pintura rápida. Numerosos artistas se distribuyeron por el entorno, capturando la esencia del santuario o la cripta con sus pinceles. Bajo la sombra de los árboles o directamente al sol, los pintores trabajaron rodeados de curiosos, especialmente los más pequeños, que observaban cada detalle.
La danza también estuvo presente con el XXXIII Campeonato de Aurresku y Baile al Suelto de Euskadi. Al mismo tiempo, el deporte reclamó su lugar, con deportistas esgrimiendo sus espadas cerca de los aizkolaris, quienes competían en Herri Kirolak para ver quién cortaba el tronco más rápido. El calor se hizo notar, y muchos terminaron con la chaqueta atada a la cintura mientras animaban a los competidores.
Para los más pequeños, la diversión se encontraba en los hinchables y juegos infantiles. Sin embargo, en Estíbaliz el estómago manda, y los grandes triunfadores de la mañana fueron los talos y los choripanes. Entre el aroma a brasa, jóvenes bertsolaris ofrecieron una competición cultural frente a quienes hacían cola para comprar comida o bebida.
Llegar a la cima requirió una buena dosis de paciencia debido al intenso tráfico en la zona. Esto obligó a muchos a dejar el coche lejos del aparcamiento y completar la subida a pie. Junto a autobuses y coches, las bicicletas fueron las reinas de la carretera, aprovechando el buen día para subir, cumplir con la tradición y regresar a Vitoria.