El Museo de Bellas Artes de Álava acoge por primera vez en el territorio las cuatro grandes series de grabados de Francisco de Goya en la exposición ‘Fantasía y razón’, que podrá visitarse hasta febrero de 2027. La muestra no solo es un hito por reunir los 200 grabados del genio aragonés, sino que también supone la despedida de su directora, Sara González de Aspuru, que se jubila tras 41 años al frente de la pinacoteca. La colección, además, llegó al museo de forma inusual, como una dación en pago de la Fundación Juan Celaya Letamendi para saldar sus deudas tributarias.
Para González de Aspuru, esta exposición es el broche de oro a una carrera de más de cuatro décadas. Aunque ha comisariado numerosas exposiciones de arte contemporáneo, reconoce que Goya es un nombre "universal" y sin duda es un poco una muestra "cumbre”.
La exposición se compone de las series más célebres y estudiadas del artista: ‘Los caprichos’, ‘Los desastres de la guerra’, ‘Tauromaquia’ y ‘Disparates’. Según la directora, estas son “las más importantes, más conocidas, más relevantes y más estudiadas”. Su influencia, explica, se ha extendido a lo largo de los siglos XIX y XX, inspirando a “artistas, escritores y cineastas por esa actualidad de los temas que él plantea”.
De entre todas las series, González de Aspuru destaca ‘Los desastres de la guerra’ por su crudeza y vigencia, una obra que “pone casi la carne de gallina”. Goya comenzó esta serie hacia 1810, en plena Guerra de la Independencia contra Napoleón, tras presenciar los horrores del sitio de Zaragoza. “La cantidad de cuerpos que aparecen desmembrados, amontonados, realmente están deshumanizados, eso es lo terrible de la muerte”, detalla. La obra no solo muestra el campo de batalla, sino también las consecuencias para la población civil, como el hambre y la especulación.
El horror no termina con el conflicto, ya que tras la guerra llegó el absolutismo de Fernando VII, recuerda. Para la directora, en la obra de Goya “hay un mensaje universal que, desgraciadamente, se puede aplicar a todas las guerras”.
La llegada de los grabados de Goya a través de la dación en pago no es una circunstancia tan excepcional, ayuda a alimentar los fondos de los museos forales. Si bien, González de Aspuru explica que, aunque la figura existe y se ha utilizado, nunca antes se había adquirido una colección de esta envergadura para la cronología del siglo XIX y de la Guerra Civil que maneja el museo.
Bajo su dirección, el museo, al que llama la “madre de todos los museos” en Álava por haber albergado otras colecciones en el pasado, ha consolidado su identidad. “Tenemos, sobre todo, arte vasco, que es quizá la esencia”, comenta. En los últimos 25 años, la colección ha crecido hasta alcanzar casi 3.000 obras, con figuras clave como Ignacio Díaz de Olano.
Sobre su legado, afirma con satisfacción: “He dejado un poco de huella, entiendo, en todos estos 41 años, alguien vendrá que cambiará y tendrá sus criterios, pero yo sí que estoy satisfecha”.
“"El patrimonio es de todos y hemos luchado por su conservación"
De cara al futuro, la directora saliente observa un “interés generalizado por los museos” en todas las franjas de edad, desde los jóvenes hasta la "tercera edad", que despunta con fuerza. Atribuye parte de este éxito a las redes sociales, que “están ayudando a ello”, "como los directos desde el Prado que acumulan 20.000 visitas", y al aumento del turismo. “Al público viajero le gusta ver obras que no sean lo de todos los sitios, sino algo específico, más local”, reflexiona.




