El aumento de las temperaturas tras el invierno trae consigo no solo tardes más largas para pasear por las zonas verdes de Vitoria-Gasteiz, sino también el regreso de riesgos para las mascotas. Además de pulgas y garrapatas, las temidas víboras vuelven a ser una amenaza, especialmente en áreas donde la hierba luce más viva.
Este año, los veterinarios alaveses han registrado un incremento en los casos de mordeduras a perros, particularmente durante la Semana Santa y el puente de mayo, coincidiendo con varios días consecutivos de altas temperaturas.
Marisol Cuenca, vicepresidenta del Colegio Oficial de Veterinarios de Álava, aclara que "Vitoria-Gasteiz está en una zona endémica. No es que las víboras hayan venido ahora", sino que "nosotros hemos construido en zonas como Salburua o Zabalgana, que ya eran lugares donde había víboras".
Las víboras, que pasan el invierno ocultas, salen al exterior cuando disfrutan de varios días soleados y temperaturas superiores a los 20 grados. "Se despiertan con mucha hambre", resume Cuenca, lo que a menudo deriva en problemas para los perros.
Contrario a lo que se podría pensar, las víboras jóvenes suelen ser las más peligrosas en esta época. Mientras que las adultas reservan su veneno para cazar, las más pequeñas actúan de forma impulsiva y "atacan enseguida" ante cualquier alerta. Aunque inyectan menos cantidad de veneno, suelen hacerlo casi en su totalidad.
Los perros, al explorar y olfatear, se acercan a ruidos o movimientos extraños, lo que provoca mordeduras, especialmente en el hocico y las patas. Los animales suelen chillar o quejarse en el momento de la mordedura, seguido de una inflamación dura y dolorosa. En ocasiones, se aprecian dos pequeños puntos sangrantes de los colmillos.
Ante la sospecha de una mordedura, la recomendación es acudir "enseguida al veterinario" para administrar antiinflamatorios y analgesia, además de antibióticos para prevenir infecciones. Algunos perros requieren ingreso con suero intravenoso para proteger órganos como los riñones, que pueden verse afectados por el veneno.
Aunque la muerte del animal es posible, "no es lo más habitual". La mayoría de los perros se recuperan bien en una semana. Sin embargo, el riesgo aumenta en animales pequeños y en mordeduras en el cuello o garganta, que pueden dificultar la respiración. También son peligrosas las reacciones alérgicas exageradas del propio sistema inmunitario.




