Gift, de 18 años, conoció la asociación Kalimba antes de la pandemia del covid a través del centro cívico Arriaga de Vitoria-Gasteiz. El proyecto cultural, dirigido por Inma Zudaire, nació en 2003 y utiliza la música desde 2015 para generar "vínculos afectivos y de amistad". Actualmente, cuenta con cerca de 30 integrantes, como Gift, y está formado por niños y jóvenes de 4 a 18 años. El grupo se reúne los viernes de cinco a seis de la tarde en un local de la calle Hegoalde en la vecina localidad de Apodaka.
Allí, ensayan con tambores afrobrasileños y cantan temas como Aldapeko (versionada por Oskorri), La bamba e incluso canciones arraigadas en el imaginario colectivo africano. Lo que más disfrutan Gift, y también compañeras como Elisa y Gladis (de 17 y 16 años), es tocar en las calles de Vitoria-Gasteiz y comprobar de primera mano que "la música es un lenguaje universal que puede unir a las personas".
A pesar de su corta edad, la joven posee un discurso social elaborado. Subraya que estos encuentros fomentan la diversidad cultural y está convencida de que la música puede ser una herramienta integradora para combatir el racismo y romper barreras culturales. Las batucadas también le motivan: "La gente, cuando nos ve, baila, se ríe y disfruta, y eso hace que nos motivemos y queramos tocar más", afirma Gift.
El deseo de Kalimba es poder actuar en otras ciudades vascas como Bilbao y Donostia, pero para ello necesitan recursos económicos. En su segunda etapa, Inma y Alfonso Zovar, fundadores hace más de 20 años, decidieron centrarse en el ámbito local para "relacionarnos" y "vernos" entre los vecinos. El proyecto "Meriendas musicales", subvencionado por el Servicio de Convivencia y Diversidad del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz, fue el germen de esta iniciativa.
El nombre Kalimba proviene de un instrumento musical de África subsahariana, perteneciente a la familia de los lamelófonos y de percusión. Inma Zudaire destaca el simbolismo de los instrumentos de percusión, presentes en todas las culturas, y que "casi a cualquiera le puedes poner a hacer percusión". Alfonso añade que la kalimba tiene "un sonido dulce y a la vez muy rítmico", y que "el ritmo es el corazón de la música". La asociación promueve el "tiempo con personas de otras culturas" a través de actividades cotidianas como las meriendas, "respetando siempre los códigos culturales" de cada participante.
La asociación, con humildad y pocos medios, busca influir positivamente. En sus inicios, apoyaron un proyecto en Córdoba (Argentina). Desde hace una década, Kalimba teje redes en Vitoria-Gasteiz con entidades como la asociación Ucrania-Euskadi o el proyecto educativo Arriagako Haritza. "Creemos firmemente que las personas necesitamos procesos, mantenidos en el tiempo, para poder aportar nuestro pequeño grano de arena orientado al bien común", afirman.




