Ane Senperena, farmacéutica, ha analizado el consumo de la droga popper en la comarca de Urola Kosta, centrándose en jóvenes de entre 14 y 24 años, como parte de su trabajo de fin de grado. El estudio destaca la baja percepción de riesgo que tienen los jóvenes sobre esta sustancia, lo que subraya la necesidad de difundir información al respecto.
Senperena explicó que tuvo conocimiento del consumo de popper hace dos años y le pareció un tema interesante para investigar. Señaló que, a diferencia del alcohol y el tabaco, existen pocas investigaciones específicas sobre el popper. En su trabajo, recopiló respuestas de 240 jóvenes de Urola Kosta para analizar las tendencias de consumo, a menudo asociadas al ambiente festivo, y el conocimiento que tienen sobre sus riesgos.
Según la investigación, la edad de inicio en el consumo de popper se sitúa en los 17 años, siendo el grupo de 18 a 24 años el que presenta una mayor tasa de consumo, con un 21% de los encuestados afirmando haberlo consumido. La mayoría lo hace por diversión y para animar la fiesta, así como por la sensación de euforia. Este consumo se concentra principalmente los fines de semana y, a menudo, se combina con alcohol.
En cuanto a su uso sexual, un porcentaje muy bajo (4%) lo utiliza para facilitar las relaciones sexuales y un 2% para aumentar el placer. Entre las consecuencias negativas más destacadas se encuentran la hipotensión y los síncopes, así como taquicardias, especialmente en personas con problemas cardíacos. El rápido efecto de la sustancia provoca el desarrollo de tolerancia, requiriendo mayores cantidades para obtener el mismo efecto.
Senperena enfatizó la escasa conciencia de los jóvenes sobre los riesgos del popper, así como del alcohol y el tabaco. Respecto a la legislación en el País Vasco, la ley no prohíbe el popper en sí, pero sí su uso recreativo. La autora del estudio subrayó que la muestra es limitada y que se necesita más investigación para extrapolar los resultados a una población mayor.




