La iniciativa Gure Zirkua, según sus creadores, ha traído calor y luz a esta pequeña localidad. Aunque no sea el circo más grande, espectacular o multitudinario del mundo, su calidad y cercanía han cautivado al público. Cada año, ofrecen actuaciones pueblo a pueblo, y no se agotan solo por solidaridad, sino por su notable calidad artística.
La sorpresa y el asombro iniciales siguen vivos. Cuando se vio por primera vez, el circo hablaba directamente al público, con referencias propias y en euskera. Se destacó un nivel artístico increíble, generando la idea de que sería irrepetible si alguno de esos acróbatas fallara. Sin embargo, año tras año demuestran que los niños descubren y desarrollan sus habilidades, y que se encuentran artistas sorprendentes desconocidos en el País Vasco.
Los integrantes de Gure Zirkua han creado un espectáculo capaz de conmover desde el recién nacido hasta el moribundo. Su objetivo es hablar a nuestros niños solitarios, hacerles soñar y despertar su ilusión, no con seres maravillosos desconocidos, sino con gente trabajadora y preparada de Gasteiz, Ondarroa, Barakaldo y Tolosa.
Es gratificante que nuestros niños crean y normalicen que el mundo del circo también existe en euskera. Cada vez nos resulta más difícil mantener la ficción que podría vivirse en euskera, tanto en el entretenimiento como en la vida cotidiana. Esto, a veces, les hace sentir la necesidad del conocimiento del castellano.
A menudo surge la pregunta en los servicios de salud: ¿necesitamos un buen profesional o uno euskaldun? Esta pregunta, que separa la competencia lingüística de la profesionalidad, no tiene sentido en la enseñanza, pero podría plantearse en otros servicios públicos. ¿El talento externo no limita la barrera del idioma? ¿El talento que no conoce el idioma no obstaculiza la sorpresa, la emoción o la salud, el cuidado y la seguridad necesarios en la administración?
“"No tenemos que elegir entre ser buenos o ser euskaldunes [...]. Nuestro Circo es un ejemplo. No es bueno por ser euskaldun. Pero es bueno, y es euskaldun."
Creo que no tenemos que elegir entre ser buenos o euskaldunes, porque muchos buenos son euskaldunes. Gure Zirkua es un claro ejemplo. No es bueno por ser euskaldun, pero es bueno, y es euskaldun. Nace del límite del País Vasco, pero su carpa puede albergar el mundo. Los cables que lo sostienen son su eje invisible, en el centro, como las telas y los trapecios: el euskera.




