En la concentración de Asteasu, se quiso expresar la «ira y el dolor». Se recordó que la violencia machista ya ha matado a cuatro mujeres este año, y se proclamó un «basta ya», subrayando que los datos muestran «una realidad cruda e insoportable».
Los participantes en la protesta dejaron claro que lo sucedido no es un «acto aislado de un hombre desquiciado», sino el reflejo de un problema estructural que alimenta el «sistema cisheteropatriarcal, capitalista, racista y colonial». Denunciaron que este sistema sitúa a las mujeres y a los cuerpos disidentes en una posición más vulnerable, dependiente e indefensa, destacando la intersección de múltiples ejes de opresión.
Ante la gravedad de la situación, exigieron «medidas urgentes reales» dirigidas a las instituciones y a toda la sociedad. «Ya hay suficientes palabras bonitas y protocolos; es hora de pasar de las palabras a la acción», declararon.
Reivindicando la Autodefensa Feminista como herramienta, hicieron un llamamiento a «tomar las calles y organizarse», expresando su hartazgo.




