Raúl Gañán, exjugador del Deportivo Alavés, ha encontrado una nueva vocación en la hostelería quince años después de colgar las botas. En su bar Mendia, ubicado en Alegría-Dulantzi, ofrece una propuesta centrada en la buena comida y un ambiente relajado, sin pantallas ni prisas. Nacido en Bilbao, decidió echar raíces en Álava tras su paso por el club.
La transición de futbolista a hostelero no fue abrupta. Gañán se preparó durante sus últimos años en activo, combinando entrenamientos con el aprendizaje en cocina y gestión de restaurantes. "En Eibar entrenaba por la mañana y luego me iba al restaurante a aprender de todo", recuerda.
Ahora, en la cocina, Gañán tiene claro su estilo: "Me gustan mucho los guisos y el pescado", afirma. Entre los platos estrella de su bar, destacan especialmente las rabas. A pesar de su pasado futbolístico, el fútbol queda en un segundo plano en el Mendia.
A lo largo de su trayectoria, también ha regentado los bares Zabala y El Bosque. Ahora, en Alegría ha encontrado un lugar más tranquilo para asentarse definitivamente. Aunque todavía es reconocido, en el día a día del pueblo es "uno más".
Su vínculo con el Deportivo Alavés permanece intacto; su hijo es un seguidor incondicional del club. Guarda recuerdos imborrables de su etapa como jugador, como el debut en Primera División en el Vicente Calderón y la histórica campaña europea. Sin embargo, reconoce que "la espina que tengo es no haber jugado todo lo que me hubiera gustado".
También mantiene un vínculo especial con la UD Salamanca, club en el que pasó nueve temporadas y que, a pesar de su desaparición, sigue formando parte de su identidad como futbolista.




