La historia del Bilbao Arena: Hitos memorables en Miribilla

El Bilbao Arena, conocido como el 'infierno de Miribilla', ha sido testigo de gestas deportivas que han marcado la historia del Surne Bilbao desde su inauguración en 2010.

Imagen genérica de una cancha de baloncesto vacía, con luces brillantes y gradas al fondo.
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Imagen genérica de una cancha de baloncesto vacía, con luces brillantes y gradas al fondo.

El Bilbao Arena, conocido como el 'infierno de Miribilla', ha sido testigo de gestas deportivas que han marcado la historia del Surne Bilbao desde su inauguración en 2010, dejando grandes victorias y momentos inolvidables.

Desde que albergó su primer duelo oficial el 10 de octubre de 2010 con una victoria por 77-70 ante el Valencia Basket, el Bilbao Arena, el 'infierno de Miribilla', ha sido escenario de citas para el recuerdo que han ido cincelando la historia del Surne Bilbao. Momentos volcánicos grabados a fuego en la memoria colectiva, incluyendo victorias de mérito con canastas sobre la bocina y éxitos que han sellado billetes para avanzar de fase en competiciones domésticas y continentales.
Ahora, Miribilla aspira a vivir otra noche de gloria, el reto de los retos, el más difícil todavía: ser el escenario de una nueva coronación europea. Levantar un trofeo de la FIBA Europe Cup en territorio propio sería una experiencia inigualable. De lograrlo, el 29 de abril de 2026 quedaría grabado en el salón de la fama de las gestas deportivas conquistadas en el recinto bilbaíno, al igual que otras que aún se recuerdan como si el tiempo no hubiera pasado.
La última gran explosión de euforia colectiva se vivió el 2 de abril del año pasado con la remontada en la semifinal continental ante el Dijon. Anteriormente, el equipo ya había logrado la mayor voltereta en la historia de la FIBA Europe Cup al desactivar en cuartos de final, y también en casa, un -19 ante el Legia Varsovia. Sin embargo, contra los franceses, y con la misma desventaja, todo parecía imposible a cinco minutos del final con un marcador de 69-66. Lo que ocurrió desde ese momento hasta la bocina final fue sobrenatural, un abrumador 28-2 que culminó en un 97-68 final, abriendo las puertas de la gran final, donde el 72-65 en un Bilbao Arena a rebosar fue decisivo.
Y qué decir de aquel 2 de junio de 2019, el día del regreso a la ACB tras un curso de penitencia en la LEB Oro. La explosión de satisfacción y liberación de aquel día fue tremenda después de una temporada regular en la que el Betis se llevó el ascenso directo y una durísima eliminatoria de cuartos ante el Palencia. El club consiguió que Bilbao acogiera la Final Four definitiva, y el factor ambiental fue crucial, primero para superar la resistencia del Melilla en semifinales (75-68) y un día después para batir al Palma por 62-55 en un duelo tenso y áspero.
También merecen el mismo calificativo las piezas cobradas en el recinto de Miribilla en la época dorada, cuando tanto lo deportivo como lo económico se daban la mano. En esos años, no hubo éxito continental más prestigioso que el rubricado el 28 de marzo de 2012 al arrebatar una victoria en el Bilbao Arena al todopoderoso CSKA de Moscú en los cuartos de final de la Euroliga. En la máxima competición europea, equipos como Olympiacos, Basconia (77-72), Unicaja, Real Madrid (93-69) y Montepaschi Siena hincaron la rodilla en Bilbao. Pero el 94-81 contra los rusos, con sus estrellas completamente superadas, marcó el tope competitivo en la historia del conjunto vizcaíno.
Y cómo olvidar en el ejercicio anterior el camino que desembocó en la histórica final de la ACB ante el Barcelona. La senda en las eliminatorias por el título arrancó sorprendiendo al Valencia Basket en cuartos, y lo de las semifinales contra el Real Madrid fue extraordinario. Ganar el segundo partido de la serie en territorio blanco dio paso a dos victorias impresionantes en Miribilla, la primera inapelable (68-51) y la definitiva, el 2 de junio de 2011, con un trabajado 80-72.