La abolición foral no fue un evento aislado, sino un proceso que se desarrolló en varias etapas. Comenzó en 1839 y se intensificó en 1841 con el decreto de Espartero. Finalmente, se remató entre 1876 y 1877, en el contexto de la posguerra carlista.
Uno de los personajes más relevantes de la época fue Antonio Cánovas del Castillo, considerado uno de los mayores enemigos de los fueros vascos. Sus políticas fueron fundamentales para la desarticulación del sistema foral. Su principal antagonista fue Manuel Mª de Gortázar y Munibe, quien, como presidente de la Diputación Interina de Bizkaia, defendió los fueros frente a Cánovas.
Estos acontecimientos se desarrollaron en el contexto de la posguerra carlista. Bilbao, por ejemplo, fue bombardeado en 1874, y la crisis foral se gestó en esta difícil situación de posguerra. Cánovas buscó “compensar” a quienes habían defendido la causa de Alfonso XII, lo que reforzó las medidas contra los fueros.
Fidel de Sagarminaga, abogado, periodista e historiador bilbaíno, fue Diputado General en 1876. Lideró la intransigencia vizcaína y fundó la Sociedad Euskal-Erria, un claro antecedente del posterior nacionalismo vasco.




