Fernando Botanz dona casi 700 piezas de su colección personal a tres museos vascos

El organizador del desfile Bilbao 1900 cede arte, mobiliario y vestuario histórico para su conservación.

Colección de artefactos antiguos que incluye esculturas, vestuario histórico y cristalería.
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Colección de artefactos antiguos que incluye esculturas, vestuario histórico y cristalería.

Fernando Botanz, organizador del desfile de época Bilbao 1900, ha donado cerca de 700 piezas de su colección personal a tres museos vascos.

Fernando Botanz, quien durante quince años ha llenado las calles de Bilbao con trajes de época a través del desfile Bilbao 1900, ha donado alrededor de 700 piezas de su colección personal a tres museos vascos: el Antzasti Museoa en Dima, el Museo del Traje de Rentería y un tercer centro privado vizcaíno que ha preferido mantenerse en el anonimato.
La colección incluye esculturas de estilo art nouveau y art déco, muebles, grabados, fotografías antiguas, vajillas, cristalerías, juegos de café y té, además de una amplia colección de vestuario histórico como levitas de caballero, sombreros y capas españolas con más de 120 años de antigüedad.
La decisión de donar nace de una reflexión sobre el paso del tiempo. Botanz trabajó en residencias para mayores y escuchó historias que le marcaron profundamente. "He visto a señoras de 90 años decirme llorando: 'Me han tirado a la basura todas las sábanas, todos los muebles. Me han vendido el piso'", recuerda. "Yo no quería que ocurriera eso conmigo". Botanz considera que su colección es parte de su propia biografía.
No es la primera vez que realiza una donación de esta magnitud; hace dos décadas cedió más de 2.000 piezas al Museo San Telmo de San Sebastián y al Museo Balenciaga. Sin embargo, esta nueva donación supone desprenderse de buena parte de una colección que le ha acompañado durante toda su vida adulta. "El sueño de mi vida no lo he podido cumplir, que era crear un museo. Eso solo lo pueden hacer los multimillonarios", reconoce.
Su pasión por el arte comenzó mucho antes de comprar su primera pieza. Criado en Legazpi, recuerda con especial emoción una visita al Museo San Telmo a los 16 años. Más tarde, estudió Bellas Artes en Bilbao y descubrió un ecosistema de anticuarios hoy desaparecido. También descubrió en las bibliotecas el art nouveau y el modernismo, que le dejaron una huella imborrable.
Botanz ha trabajado en diversos oficios, como restaurador de retablos, profesor de dibujo y pintura, animador infantil, dependiente de moda, vendedor de alfombras persas, monitor en residencias y director de corales. Ha invertido una parte importante de lo ganado en esculturas, porcelanas, mobiliario y vestuario histórico. "Cada uno gasta el dinero de una manera. Yo lo he gastado en mi pasión", resume.
Entre las piezas que más aprecia destaca un busto femenino de estilo art nouveau con la palabra francesa 'Jeunesse' grabada, ahora en el Antzasti Museoa. Aun así, le cuesta elegir: "Es como decir a qué hijo quieres más, no se puede". Para él, el valor de los objetos reside en las historias que esconden, no solo en la firma o la antigüedad.
Considera que "el mundo de las antigüedades en Bilbao está muerto", lamentando la desaparición de los anticuarios que existían en 1985. A pesar de haberse desprendido de cientos de piezas, aún conserva algunas. Ha elegido cuidadosamente los museos receptores para garantizar la seguridad y conservación de las piezas, buscando instituciones "donde sé que van a estar cuidadas perfectamente".
La vivienda que él mismo describe como "una casa mágica" tiene hoy muchas menos piezas. Admite el vacío, pero también la tranquilidad de saber que las piezas seguirán vivas cuando él ya no esté. "Saber que personas de todo el mundo van a disfrutar de algo que yo he entregado me da mucha satisfacción. El día que mi vida termine, todo estará cuidado con guante blanco".