Sin apenas tiempo para asimilar el logro, la afición del Surne Bilbao se reunió en las escalinatas del Ayuntamiento para honrar a los campeones de Europa. Después de la remontada ante el PAOK en la final de la FIBA Europe Cup, que hizo vibrar Miribilla, los hombres de negro compartieron con su gente su segundo título continental.
Los seguidores del club vizcaíno demostraron una fe inquebrantable ante el rival griego, y el premio fue besar el metal. Por ello, los jugadores y el cuerpo técnico quisieron devolverles todo el apoyo recibido. Y hoy era el día.
Así, bajo un sol inesperado, considerando la lluvia caída durante la final, el camión descapotable del Surne Bilbao apareció en el Ayuntamiento de la capital vizcaína. Fue la primera parada de su desfile de celebración, porque el segundo título continental bien merecía varias paradas. Y allí, en las espléndidas escalinatas de la casa consistorial, esperaba la alcaldesa Amaia Arregi.
“"Sois un ejemplo de trabajo en equipo, de esfuerzo y ambición. De creer hasta cuando parece imposible, de no bajar nunca los brazos. Habéis demostrado que uno más uno no son dos, ni son siete. Porque ayer fueron 15."
La alcaldesa, ante unos 2.000 aficionados, lucía una amplia sonrisa y unas ganas incalculables de tocar el trofeo que vuelve a situar a su ciudad en la cima del baloncesto continental. Se lo ofrecieron la presidenta del club y el entrenador del equipo, pero lo levantó junto a Tryggvi Hlinason, con sus 2,15 metros de capitán.
La copa de campeones brillaba en manos de la alcaldesa, pero la atención de los presentes se volcó, como era de esperar, en los jugadores. En la plantilla que pulverizó todas las estadísticas y se proclamó campeona. Aparecieron casi en su totalidad con cara de haber tenido una noche larga, aunque disfrutona. Protegidos por gafas de sol y gorras, e incluso por unas bufandas que ofrecían más sombra que abrigo. Pero daba igual, porque habían ganado. Así que todo valía.
Tras un aurresku, la alcaldesa Arregi tomó la palabra para expresar dentro del Ayuntamiento lo que todos fuera pensaban. Y como parece que el Surne no tiene techo, la primera edil les advirtió que “no hay dos sin tres, así que nos volveremos a ver el año que viene otra vez aquí”.
“"Eskerrik asko por ser así, por ayudarnos a ser tan competitivos. Porque este grupo es fantástico e ilusionante, pero vosotros también nos habéis enseñado el camino. Gora Bilbo! Gora Bizkaia!"
Sin embargo, el Surne Bilbao es el Surne Bilbao gracias a su afición. A esa marea negra que, como explica el entrenador, está “en las buenas y en las malas”. Por eso, la fiesta no estuvo completa hasta que se compartió con ella. Así, los jugadores salieron al balcón, a reencontrarse con el sol, y el delirio estalló a sus pies. Melwin Pantzar, Harald Frey y Margiris Normantas fueron los más aclamados, aunque sin duda alguna la estrella fue el entrenador. Al fin y al cabo, las 2.000 personas que estuvieron en el Ayuntamiento son todas “hijas del entrenador del equipo”. El míster concluyó así antes de poner rumbo al Palacio Foral, la siguiente parada de la fiesta de la marea negra.