La Diputación Foral de Bizkaia ha adjudicado ya todos los contratos del proyecto, lo que permite dar luz verde al inicio de la construcción del túnel bajo la Ría. La nueva infraestructura conectará Leioa y Getxo con Portugalete y Sestao, y su objetivo principal es aliviar la congestión del puente de Rontegi. Según las previsiones, las obras comenzarán en septiembre.
El pasado mes se formalizaron los contratos del emboquille de Artaza y la galería que llega hasta la rotonda de Lamiako. Esta semana, la Diputación ha adjudicado las dos fases restantes: los accesos a la rotonda que da al centro comercial Ballonti y la perforación de los túneles que partirán desde el límite entre Sestao y Portugalete. Este es el proyecto más ambicioso de Bizkaia en los últimos años, y busca descongestionar el tráfico del puente de Rontegi. Superada la mayor parte del trámite burocrático, las máquinas comenzarán pronto a trabajar sobre el terreno.
La Unión Temporal de Empresas (UTE) formada por Ferrovial, Mariezcurrena y Cycasa se encargará de la parte del proyecto que abarca la perforación de los túneles desde el acceso de Ballonti hasta Lamiako, con un presupuesto de 129 millones de euros. Por su parte, las firmas Campezo, Altuna Uria y Sobrino materializarán los accesos desde Sestao, Trapagaran y Portugalete, conectando con las autopistas A-8 y Supersur. Este segundo contrato asciende a 62 millones de euros. En total, la obra se completará en cinco años y absorberá más de 500 millones de euros.
El objetivo principal del proyecto es aliviar la congestión del puente de Rontegi y ofrecer una alternativa para cruzar la Ría. El puente de Rontegi, el único viaducto entre ambas márgenes en más de 17 kilómetros que separan la capital vizcaína y el Puerto de Bilbao, soporta unos 175.000 vehículos diarios. Se espera que el nuevo túnel atraiga a 40.000 vehículos diarios, además de retirar unos 35.000 coches del entorno de Max Center y La Avanzada.
El túnel tendrá una longitud de 3,2 kilómetros, más otros 2 kilómetros de accesos subterráneos. Contará con dos tubos, uno por sentido, con dos carriles de 3,5 metros de ancho cada uno y más de diez metros de altura. El reto es considerable, ya que además de los condicionantes urbanísticos de Artaza, se debe superar la zona arenosa de Lamiako y perforar 45 metros por debajo del lecho fluvial. Se construirán también trece galerías de evacuación interconectadas entre los dos tubos, cinco de ellas adaptadas para el paso de vehículos y otras dos salidas de emergencia peatonales.
Alrededor del 60% de la excavación se realizará desde la Margen Izquierda. El acceso de Ballonti es, a priori, el que presenta menos problemas y por ello comenzará más tarde que el tajo de Artaza. Las afecciones al tráfico en este entorno serán puntuales y limitadas, pero mientras se prolongue la perforación de los dos tubos hacia Lamiako, se eliminará temporalmente un carril en el tramo entre la rotonda de Ballonti y la de Nervacero. También se reducirá la velocidad de circulación, pero la Diputación no estima que se vayan a producir «retenciones relevantes». El actual bidegorri se mantendrá en servicio.
En la Margen Derecha, por su parte, se encuentra el tramo más delicado de la obra, tanto por cuestiones técnicas como por el rechazo social que ha suscitado el proyecto en parte de los vecinos de Getxo y Leioa. El emboquille desde la rotonda de Artaza y la excavación de los tubos deben acometerse en un entorno con mayor densidad de viviendas y equipamientos públicos, incluidos un colegio y un instituto, y es desde aquí donde las máquinas deberán llegar inicialmente a la vega de Lamiako.
Esta operación requerirá más de 80 microvoladuras y el vaciado de buena parte del parque de Artaza. La cercanía de viviendas ha llevado a la Diputación a decidir que los trabajos a cielo abierto se desarrollarán en horario de oficina. Dentro de la galería, sin embargo, la perforación se realizará las 24 horas del día.
Entre 400 y 500 alumnos de tercero y cuarto de la ESO y de Bachillerato del IES Artaza-Romo serán reubicados temporalmente durante el curso 2026-2027 en la antigua escuela de Lamiako, a consecuencia de la preocupación mostrada por las familias respecto al impacto que podrían tener las obras en la salud de los menores.
El actual diputado foral de Infraestructuras y Desarrollo Territorial, Carlos Alzaga, explicó que el proyecto incluye varias medidas correctoras para reducir las molestias a los estudiantes. Entre ellas, la instalación de barreras acústicas, planificación de horarios, orientación de fachadas y la colocación de ventanas especiales para reducir ruido y vibraciones. En el caso de las excavaciones más sensibles, estas se realizarán durante los meses de verano para evitar afecciones por más partículas contaminantes en el aire y mayor tráfico de camiones.
El malestar de las familias se ha unido al de parte de los vecinos de la zona, sobre todo entre los residentes del Antiguo Golf, que se llevarán «la peor parte» de los ruidos y trabajos. Constituidos en la asociación Arpa (Artaza Parkeko Herritarrak), han presentado una demanda contra la Diputación solicitando la paralización cautelar de todo el plan urbanístico por «incumplimientos» en la tramitación administrativa. Los demandantes aseguran que «el proyecto ha sido modificado tras su exposición pública, incorporando elementos como el uso de voladuras o eliminando opciones de transporte público que no se han sometido a un nuevo proceso de participación ciudadana». También han llevado sus protestas a las calles con varias concentraciones y manifestaciones.
Del túnel bajo la Ría se empezó a hablar en 1992 como solución para conectar las dos márgenes. Cinco años después, la Diputación aseguró que se iniciaría su construcción antes de la primavera de 1999. Pero tan solo transcurrido un mes desde ese anuncio, la institución foral rectificó y admitió que la propuesta estaba aún «inmadura» para poder cumplir esos plazos. Tuvieron que pasar dos décadas hasta que los técnicos presentaron un estudio de alternativas definitivo en 2018. Entonces era diputado de Infraestructuras el actual lehendakari, Imanol Pradales.
Las microvoladuras, un sistema usado para cimentar San Mamés. El diputado foral de Infraestructuras, Carlos Alzaga, defendió hace unos meses en este periódico el empleo del sistema de microvoladuras a cielo abierto y en el interior del túnel para avanzar en las tareas de excavación del subfluvial, señalando que «el terror que causan las microvoladuras es irreal. Se han hecho toda la vida en obras en Bilbao y nadie se ha enterado». Se han empleado, por ejemplo, en la construcción del pozo de la estación de Renfe en Miribilla, en zonas donde aparecía roca muy dura; en los accesos a la capital vizcaína por San Mamés, para desmontar el talud del monte entre la salida hacia Balmaseda y el antiguo acceso a Basurto; en la cimentación del estadio de San Mamés y en la construcción del BEC en Barakaldo. En cifras globales, el subfluvial de Lamiako supondrá la excavación de 1,8 millones de metros cúbicos de tierra y la utilización de 21.235 toneladas de acero. 170 camiones sacarán cada día material excavado del subfluvial, 90 por la boca de Artaza y 80 por la de Ballonti. Su destino serán las instalaciones del Puerto de Bilbao, donde la tierra servirá para el relleno de diques.




