La ruta que va de Gorostiza a El Regato en Barakaldo, con una longitud de 7,57 kilómetros y un desnivel positivo de 104 metros, ofrece a los visitantes una oportunidad única para conocer un territorio marcado por la minería, las ferrerías y el agua que alimentó el crecimiento de la ciudad, y donde la naturaleza ha ido recuperando su espacio paso a paso. El recorrido se presenta como un viaje por la historia viva del municipio.
El punto de partida se sitúa en Gorostiza, un espacio integrado en la memoria colectiva de Barakaldo. Durante décadas, fue un lugar de meriendas familiares y tardes de verano junto al río Castaños. Hoy, sigue siendo un punto de encuentro y la puerta de entrada a uno de los corredores verdes más interesantes del Gran Bilbao. Al cruzar el puente sobre el río, el sendero se estrecha y se adentra en un paisaje inesperadamente tranquilo. El murmullo del agua acompaña los primeros pasos, mientras los alisos y fresnos forman un túnel vegetal que atenúa cualquier rastro urbano, haciendo difícil imaginar que hace apenas un siglo este valle era un hervidero de actividad industrial.
El camino avanza suave, sin apenas desnivel, siguiendo el curso del río. A la izquierda, aparecen los primeros restos de canales y pequeñas presas auxiliares; a la derecha, muros de piedra que pertenecieron a antiguas instalaciones hidráulicas. Tras un tramo cómodo y sombreado, el sendero desemboca en el barrio de El Regato, uno de los núcleos más singulares de Barakaldo. Sus casas tradicionales, el pequeño puente y el ambiente pausado contrastan con la imagen industrial asociada al municipio. El Regato fue, durante siglos, un enclave estratégico con ferrerías hidráulicas desde el siglo XV y, más tarde, transformado por la minería del hierro en el siglo XIX.
Parte de esta historia se puede conocer en el Centro de Interpretación Histórico-Medioambiental, ubicado en la antigua Casa de la Energía. Es un lugar idóneo para comprender cómo el agua, el mineral y la industria moldearon el paisaje. A la salida del pueblo, el camino se abre y aparece la lámina tranquila del embalse del Regato, construido en 1897 para abastecer de agua potable a una Barakaldo en crecimiento. Fue uno de los primeros embalses de uso urbano de Bizkaia y un hito técnico para la época.
La vuelta al embalse es un paseo perfecto: pista cómoda, sombra abundante, silencio y vistas constantes al agua. En primavera, los márgenes se llenan de helechos y flores silvestres; en otoño, los robles y castaños tiñen el paisaje. En los últimos años, incluso se han detectado nutrias, un indicador de la recuperación ambiental del valle. La ruta conserva numerosos vestigios de su pasado industrial, como el trazado del ferrocarril minero de Galdames, hoy senda peatonal, y restos de antiguas explotaciones de hierro.
La ruta alrededor del embalse del Regato es un paseo, pero también una forma de contemplar cómo un territorio profundamente transformado por la industria puede renacer como espacio natural, educativo y recreativo. El valle ha recuperado su biodiversidad, el río vuelve a ser un ecosistema vivo y el patrimonio industrial se integra en el paisaje como un recordatorio de la historia reciente de Barakaldo. Es un recorrido ideal para quienes buscan una ruta sencilla, cercana y con contenido, ofreciendo además ramificaciones para quienes deseen profundizar.




