Ingeniería de precisión en la ría: los desafíos milimétricos de la pasarela 'All Iron'

La infraestructura que unirá Barakaldo y Erandio contará con dos tramos móviles capaces de girar 90 grados para permitir el paso de grandes embarcaciones.

Imagen genérica del mecanismo móvil del puente.
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Imagen genérica del mecanismo móvil del puente.

La futura pasarela 'All Iron', que conectará Barakaldo y Erandio, es una obra de ingeniería de alta precisión condicionada por el entorno marino y la necesidad de permitir el paso de grandes embarcaciones.

La futura pasarela 'All Iron', impulsada por la Diputación Foral de Bizkaia, conectará Barakaldo y Erandio. No es solo un puente peatonal o ciclista, sino una pieza móvil concebida para abrirse sobre la ría y permitir el paso de grandes embarcaciones, mientras facilita la conexión diaria de peatones y ciclistas.
Detrás de su imagen ligera y curvada se esconde una obra de ingeniería de enorme precisión, condicionada por el agua, las mareas, el tráfico portuario y la necesidad de que cada tramo encaje milimétricamente. Todas las piezas están fabricadas con acero especial S355 y protegidas con pinturas específicas para resistir el ambiente marino, ya que el acero corten habitual no era adecuado para la exposición continua a la humedad y salinidad de la ría.
La estructura tendrá 352 metros de longitud y seis de anchura, repartidos entre un bidegorri y una zona peatonal diferenciada. Gran parte de su complejidad no se verá desde fuera. El tablero se ha dividido en diez grandes tramos metálicos, además de los dos vanos móviles centrales, y cada uno, a su vez, en varias piezas más pequeñas para facilitar su fabricación, transporte y montaje. Las piezas recorrerán de madrugada los cerca de 70 kilómetros que separan Vitoria de la ría en transportes especiales escoltados, obligando a desmontar señales, semáforos o bolardos durante el trayecto.
Bajo la superficie de la pasarela discurrirán conductos eléctricos, sistemas de control, iluminación y mecanismos para coordinar la apertura del puente. Todo ello irá alojado en un espacio interior muy reducido y sellado para proteger la estructura frente a la corrosión marina. La pasarela deberá soportar además viento, humedad, cambios de temperatura y el movimiento constante de la ría sin perder precisión en sus encajes milimétricos.
Las partes móviles incorporarán también dos grandes mástiles cónicos de unos nueve metros de altura y un sistema de contrapesos diseñado para equilibrar la estructura durante los giros. Los técnicos comparan el funcionamiento del conjunto con un mecanismo de relojería, ya que cualquier desviación mínima puede afectar al cierre de los vanos centrales. Antes de su instalación definitiva, los tramos móviles se ensamblarán y ajustarán previamente en una zona de pre-montaje en Zorroza, donde también se colocarán parte de las instalaciones interiores y los mecanismos. Solo después de comprobar que todo encaja con precisión, las piezas serán trasladadas sobre pontonas por la ría hasta su posición final.
La construcción avanza condicionada por el propio comportamiento del agua. Las corrientes, las mareas y la escasa visibilidad del fondo obligan a coordinar continuamente los trabajos submarinos y las maniobras sobre la ría. En algunos puntos, los equipos deben bombear agua para que los buzos puedan trabajar entre el fango con algo de visibilidad. Cuando entre en funcionamiento, la pasarela podrá abrirse completamente en unos cinco minutos mediante el giro de sus dos tramos centrales, que rotarán 90 grados en sentido horario. La apertura se realizará únicamente para el paso de embarcaciones de gran tamaño, calculándose una o dos veces al mes, y estará avisada mediante señalización y megafonía para peatones y ciclistas.