Los hechos se remontan al pasado mes de marzo, cuando, según la denuncia, miembros del grupo Antifa Ultras accedieron a las inmediaciones del templo y vandalizaron este edificio, considerado de alto valor histórico y artístico, y parte fundamental del patrimonio de Bilbao.
La fundación denunciante sostiene que los propios autores difundieron el ataque a través de redes sociales, lo que, a su juicio, evidencia una intención de amplificar el impacto del asalto y fomentar un clima de hostilidad hacia la fe cristiana y sus símbolos.
“"No son hechos aislados, sino acciones organizadas y difundidas públicamente. Se busca intimidar a los cristianos y generar un clima de hostilidad que no podemos permitir. La justicia debe actuar con firmeza ante estos ataques cristianófobos."
En su escrito, se atribuye a los responsables un delito de daños y otro contra el patrimonio histórico, planteando además la concurrencia de la agravante de discriminación por motivos religiosos, al considerar que el ataque se dirigió específicamente contra un templo católico por su carácter religioso.
Por su parte, la jueza considera que los hechos denunciados podrían ser constitutivos de delito, por lo que ha acordado incoar diligencias con el objetivo de esclarecer lo ocurrido e identificar a los presuntos responsables.




