El Ampo Ordizia consiguió en 2012 el mayor éxito de su historia hasta aquel momento. El equipo de Goierri conquistó la Copa del Rey y confirmó que un club que durante sus primeros años en la élite había tenido que sufrir a veces hasta la última jornada para conservar la categoría había pasado a ser uno de los grandes del campeonato, capaz de competir de tú a tú ante cualquiera. Los ordiziarras derrotaron en aquella final a El Salvador en Palencia, apoyados en las gradas por miles de aficionados llegados desde Gipuzkoa. En aquel equipo jugaba entonces Julen Goia, que era, con 20 años, la gran joya de la cantera de Altamira.
“"Era un chavalito, y tuve la suerte de ser de titular, jugué todo el partido, y marqué un ensayo. Parece algo soñado. Aquella final podría ser perfectamente el guion de una película."
El antiguo tres cuartos conserva de aquel día “un recuerdo de los que se te quedan grabado de por vida. Al final, nosotros éramos los villanos de la categoría y nos enfrentábamos al gran El Salvador, que tenía jugadores internacionales como Pablo Feijóo”. Goia recuerda que “empezamos perdiendo y estuvimos casi 20 puntos abajo (3-21), fuimos capaces de seguir sufriendo y terminamos ganando el partido. Fue David contra Goliat. Ganamos a un equipo que era favorito a todo. Cómo no, el sufrimiento es parte de este equipo, pero convivimos con ese sufrimiento prácticamente en todos los partidos y lo disfrutamos, y aquello no fue diferente”.
Tras haber encajado el 3-21, la remontada comenzó, precisamente, con un ensayo de Julen Goia: “Yo estaba en la banda izquierda y recibí un pase de Iñaki Puyadena después de un salto de Phil Huxford. Solo tenía que correr 15 metros, y marqué el ensayo. Eso también lo llevo aquí guardado”. El Ordizia consiguió remontar el partido (27-24), El Salvador volvió a empatar y, en el último minuto, Danny Kroll emuló a Jonny Wilkinson en la final de la Copa del Mundo de 2003 y dio la victoria a los guipuzcoanos con un lanzamiento de drop (30-27).
El Ordizia, tras conquistar la Copa del Rey de 2012 frente a El Salvador, volvió a ganar este torneo la temporada siguiente ante otro gigante del rugby estatal, el VRAC. Esta vez los ordiziarras, sin Julen Goia, vencieron por 27-17 en el estadio de El Sardinero, en Santander. Además del club de Goierri, el Bera Bera ganó su única Copa en 2004 y el Atlético San Sebastián se impuso en las finales de 1968, 1972, 1973 y 1975.
Al margen del título, Goia recuerda “cómo la gente se animó a ir a aquella final. Incluso había gente que no conocía este deporte que se sumó a la fiesta, y eso lo hizo todavía más especial. Si no me falla la memoria, creo que fueron 16 autobuses desde Goierri a Palencia y luego, además, estaba la gente que fue en coche. Recuerdo que a la vuelta paramos un par de veces en áreas de servicio y nos encontrábamos con seguidores nuestros. Para ellos fue un fin de semana redondo. La víspera del partido en Palencia fue una gran fiesta. Creo que el estadio de La Balastera tiene una capacidad de unas 8000 personas, y hubo un lleno absoluto. Obviamente, también había gente de Valladolid, pero se veían un montón de ikurriñas. Era el ambiente perfecto para competir. Incluso ahora se me pone la carne de gallina”.
En aquel Ordizia “la mayoría de la plantilla era de casa. Había gente como Joanes Aierbe, Xabi Lerma o Iñaki Puyadena, que llevaba un montón de años en el club, desde las categorías inferiores, con Axio Araña de entrenador –fallecido el pasado año–, y conseguir el primer título con ellos lo hacía, si cabe, más especial. Pocas veces nos hemos creído capaces de ganar a los grandes, siempre parece que están dos escalones por encima, pero entonces se vio que aunque fuéramos gente de aquí, de la comarca, gente humilde, que trabaja y demás, ese vestuario tenía algo especial. A veces, no es cuestión de ser profesional, sino de que el núcleo duro sea compacto, de que la gente crea en lo que hay, y eso suple las carencias que puede haber”.
Tras aquella final, el tres cuartos de Idiazabal hizo las maletas para probar fortuna en el Biarritz, y no regresó al club de Goierri hasta 2016. Goia colgó las botas la temporada pasada para centrarse en su familia, pero no ha dejado de seguir al Ordizia, que el pasado fin de semana consiguió asegurar la categoría y meterse en el play-off por el título: “Hablo muchísimo con la gente, con el vestuario, o con mi hermano Oier. Nosotros mismos somos nuestro mejor aliado y nuestro peor contrario a la vez. Somos capaces de lo mejor y de lo peor”.
Aunque el rugby es su gran pasión, Julen Goia reconoce que “directa o indirectamente, el fútbol siempre ha estado presente en nuestras vidas”. El de Idiazabal llegó a jugar “un par de torneos con la Real en Zubieta, cuando era jovencito, a los 14 años”, y su pareja, Uxue Garmendia, fue parte del equipo femenino txuri-urdin durante cuatro temporadas. La Real “se vive en casa, y por parte de la familia también hay mucho realzale”. El idiazabaldarra espera poder ver la final con calma: “A ver si las hijas nos dan un poquito de paz y podemos ver el partido relativamente tranquilos en casa y, si es posible, con una cervecita en la mano”. Goia firma “un 0-1 a favor de la Real. Con eso me conformo. Y si marca cualquier jugador de casa, todavía mejor, desde Oyarzabal a Marín, me da igual. Sería bonito”.




