Temprano por la mañana, los pastores partieron de la quesería en el barrio de Elosiaga, después de ordeñar a las ovejas. Se dirigieron a Potsumenta, donde les esperaba el rebaño que había sido trasladado allí el día anterior, listo para emprender el largo camino hacia los pastos de Aralar. Un mulo y un pastor encabezaron el grupo, seguidos por las ovejas y otro pastor, con la ayuda indispensable de un perro, controlando el rebaño.
La transhumancia es una costumbre ancestral, y los pastores han decidido mantener la tradición de llevar a las ovejas a pie de un pastizal a otro. Así, el martes trasladaron 300 ovejas de Azpeitia a Abaltzisketa, cruzando montañas y carreteras en el camino. Las ovejas más vivaces llevaban cencerros grandes colgados del cuello, y subieron por el monte hasta el alto de Urraki. Recorrieron la carretera entre Goiatz, Bidania y Santa Marina, y bajaron de Santutxo a Legorreta.
Desde allí subieron al embalse de Baliarrain, y después de un descanso para comer, recorrieron los últimos kilómetros para llegar a Abaltzisketa. El rebaño pasó los días hasta el viernes en los pastos de su caserío en este pequeño pueblo de Gipuzkoa. Posteriormente, fueron subidas a las tierras de la ladera de Txindoki, aprovechando la apertura anual de los pastos de Aralar que se realiza cada 1 de mayo.
En esta ocasión, el largo camino se ha realizado con las ovejas estériles. A mediados de junio, las ovejas lecheras serán trasladadas a Aralar en camiones. Será entonces cuando la familia comenzará su estancia de verano en la borda de Beltzulegi, para la elaboración del queso con denominación de origen Idiazabal.




