No es necesario recorrer grandes distancias para viajar a otros continentes. Escondido en un pequeño valle de Oiartzun, Lur Garden es un jardín botánico compuesto por diferentes tipos de jardines que es capaz de evocar paisajes de lo más diversos y exóticos. Desde escenas salvajes, similares a las que podrían encontrarse en un destino tropical, hasta rincones de inspiración oriental rodeados de bambú, las rocas y la vegetación se combinan para crear composiciones llenas de color y textura. Este espacio de 20.000 metros cuadrados es una oda a la naturaleza y a la vida.
Este pequeño edén en Gipuzkoa invita a pasear entre más de 300 especies botánicas diferentes, cultivadas a lo largo de más de diez años y distribuidas en 16 jardines temáticos. El primero de ellos, y uno de los más coloridos, es el Jardín Rojo, un color que es “difícil de integrar en el paisaje”. Aunque al principio no se quería trabajar con el rojo, con el tiempo se dieron cuenta de que los tonos granates y rojizos de este pasillo constituían una entrada triunfal al jardín, que continúa su trayecto hasta lo que es, sin duda, la joya de la corona: el Jardín del Espejo.
“"Es una zona en la que se combinan amarillos, naranjas, blancos... Es el lugar más emblemático."
El estanque circular de 25 metros de largo supone el eje central del Lur Garden. Su simplicidad parece chocar con el caos de color y las diferentes especies vegetales que lo rodean, pero cuando el viento se comporta y reina la calma, el agua sirve de reflejo para todo lo que ocurre a su alrededor. La siguiente parada de la travesía es el Jardín Amarillo, “el más vibrante de todos”, donde destaca la efervescencia primaveral de los tonos verdes, rojos y amarillos de los arces y cornejos.
Pasando por el Jardín de la Extravagancia, compuesto por combinaciones “estridentes y llamativas de plantas curiosas”, se llega al siguiente espacio. Es uno de los ‘caprichos’ del paisajista, pues “siempre me ha fascinado el tema de las hojas grandes”. De ahí su nombre. En este rincón no hay flores, sino “contrastes de follajes, bananeras, distintos tipos de bambús, hojas de orejas de elefante...”. La fecha óptima para estas especies es septiembre, por lo que “lo que ahora son ‘palitos’ enterrados en la tierra pueden llegar a alcanzar los seis metros de altura en unos meses”.
El recorrido también guarda espacio para las especies acuáticas, por lo que entre jardín y jardín se pueden encontrar diferentes especies de nenúfares, lotos o lirios de agua. Y en la parte de atrás de la pradera central también hay un rincón dedicado a lo jurásico, con inspiración en la vegetación prehistórica, o a lo oriental, con un Jardín de Musgos que recrea las composiciones de los templos japoneses hasta llegar a un bosque de bambús que surgió, casi, “por casualidad. Es muy difícil controlar dónde brotan, porque el crecimiento del bambú es abismal, rapidísimo. Pueden alcanzar los 15 metros de altura en un mes”.
Pero para casualidades, se destaca el Laberinto de Hortensias, que alcanza su máximo esplendor en agosto –como el resto del jardín– y que envuelve, literalmente, al visitante en flores coloridas y de una densidad descomunal. “Este laberinto no era el objetivo inicial, pero ha quedado incluso mejor. Por eso hay que dejar fluir a la naturaleza”, insiste el responsable del jardín, quien recuerda que todo aquel que quiera pasear por el jardín, bien de manera libre o con visita guiada, debe reservar la entrada con antelación en su página web.
En Oiartzun también se encuentra un ejemplar de ahuehuete. Su tronco tiene casi 15 metros de diámetro. Hizo falta más de 30 personas con las manos entrelazadas para poder abarcarlo y bajo su sombra podrían resguardarse unas 200 personas. Se trata del Árbol de Tule, el árbol con el diámetro de tronco más grande del mundo y se encuentra en México, en Oaxaca. Pero también se puede encontrar en Gipuzkoa. Aunque no alcanza tremendas dimensiones, el jardín botánico de Lur Garden tiene un ejemplar de esta especie de árbol –ahuehuete– creciendo en su interior. El ejemplar mexicano lleva, según las estimaciones, unos 2.000 años creciendo; el guipuzcoano solo 19, pero también es “el primer árbol que plantamos”. “Trajimos una pequeña rama y sin darnos cuenta, se construyó el resto del jardín a su alrededor”.




