Proyectos estratégicos en Gipuzkoa se topan con contestación social

Infraestructuras como el TAV y la variante del Topo, industrias y nuevas promociones de vivienda generan plataformas y asociaciones opositoras en el territorio.

Imagen genérica de símbolos abstractos de proyectos estratégicos.
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Imagen genérica de símbolos abstractos de proyectos estratégicos.

En Gipuzkoa, proyectos estratégicos de infraestructuras, industrias y vivienda, como el TAV y la variante del Topo, han generado plataformas y asociaciones opositoras, evidenciando el fenómeno 'nimby'.

En el territorio de Gipuzkoa, prácticamente cada proyecto estratégico impulsado, desde infraestructuras hasta nuevas promociones de vivienda, ha suscitado la aparición de plataformas y asociaciones con la intención de frenarlo. El fenómeno 'nimby' ('not in my backyard'), que describe la postura de quienes apoyan proyectos necesarios pero se oponen a su construcción cercana, se manifiesta en diversos ámbitos.
El Tren de Alta Velocidad (TAV) ha sido objeto de contestación social desde que las obras comenzaron en 2006 en Álava y en 2008 en Gipuzkoa (Ordizia). Ha habido protestas pacíficas, pero también amenazas y sabotajes, culminando con el asesinato del constructor Inaxio Uria por parte de ETA en 2008 en Azpeitia.
Otros proyectos también han tenido un coste humano. En la Autovía de Leizaran, cuatro personas perdieron la vida y nueve resultaron heridas, después de que las protestas ecologistas se endurecieran con la entrada de ETA, que logró modificar el trazado inicial.
La variante soterrada del Topo por el centro de Donostia ha tomado el relevo del TAV en la movilización de ciertos movimientos sociales. Durante el periodo de alegaciones al proyecto no se presentó ninguna, pero las protestas surgieron a medida que la iniciativa avanzaba.
El proyecto de la incineradora de Zubieta se paralizó entre 2011 y 2015, durante el gobierno de Bildu en Gipuzkoa. Durante años, los residuos tuvieron que ser trasladados fuera del territorio con una factura millonaria. Se abrió en 2020 y los residuos han dejado de ser un problema.
Euskadi aspira a reciclar al máximo posible, incluyendo sus residuos industriales. Sin embargo, en Gipuzkoa ya han fracasado dos proyectos: uno de recuperación de plásticos en Zumarraga y otro de pasta de papel en Bergara.
De una docena de proyectos eólicos aparecidos en Gipuzkoa en los últimos años, ninguno ha salido adelante. Cinco están anulados, tres recurridos o alegados, y cuatro en tramitación con un futuro incierto, ya que son objeto de rechazo social en los municipios donde están proyectados.