“"Todos los años pasa lo mismo y tendría que haber habido una previsión. Hay plantas en las que estamos a 33 grados y ratos del día en los que te da el sol. Es horroroso. Hemos comprado, entre los trabajadores, un ventilador por planta porque hay que sobrevivir. En las habitaciones no es aconsejable poner ventiladores, porque eso supone mover el aire y bacterias, pero los necesitamos para las zonas en las que estamos los trabajadores. Si no, no hay quien trabaje."
Las enfermeras del Hospital Donostia compran ventiladores ante el calor insoportable
La OSI Donostialdea admite 'disconfort' y anuncia medidas urgentes para paliar las altas temperaturas en el centro sanitario.
Por Gorka Uriarte Mendizábal
••4 min de lectura
IA
Imagen genérica de un pasillo de hospital con figuras difuminadas al fondo.
Las enfermeras del Hospital Donostia han iniciado una colecta para comprar ventiladores ante el calor insoportable, mientras la OSI Donostialdea admite 'disconfort' y anuncia medidas urgentes.
Gipuzkoa lleva días sometida a una cúpula de calor con temperaturas difíciles de soportar, una situación climática que ha afectado de lleno a trabajadores y usuarios del Hospital Universitario Donostia. Dentro del centro sanitario, los termómetros también rondan los 30 grados.
Tal ha sido el impacto de las altas temperaturas que los propios trabajadores han iniciado esta semana una colecta para comprar ventiladores con los que refrescar algunas salas, mientras muchos pacientes y familiares optan por pasar parte del tiempo fuera de los edificios para escapar del calor.
En un comunicado interno, la directora gerente, Maite Martínez Zabaleta, admitió a los profesionales que el aumento de las temperaturas genera "una situación climática que altera de forma temporal las condiciones ambientales de nuestros centros". Con el objetivo de "mitigar el impacto térmico, se está elaborando un plan de actuación dirigido a los puntos más críticos a la mayor brevedad", asegura la misiva, que recoge la compra de varios ventiladores.
La enfermera critica que "todos los años pasa lo mismo y tendría que haber habido una previsión" y que "hay plantas en las que estamos a 33 grados y ratos del día en los que te da el sol. Es horroroso".
Desde la dirección transmitieron a los sanitarios su "consideración" ante "las dificultades y el disconfort" que esta situación excepcional pueda estar generando en su actividad diaria, asegurando "la importancia de mantener un entorno adecuado para el correcto desarrollo de vuestra labor y para garantizar la calidad asistencial de nuestros pacientes".
La dirección, en coordinación con la Unidad Básica de Prevención y Riesgos Laborales de OSI Donostialdea, ha evaluado la situación y "ha identificado los centros, áreas, espacios y casos específicos que requieren una intervención preferente". Para facilitar el trabajo de los sanitarios, se ha puesto a disposición "sistemas de ventilación o refrigeración auxiliar en áreas prioritarias", es decir, ventiladores. También se ha procedido a la "adecuación de espacios y pautas ambientales viables" y a "labores de mantenimiento, reparación y optimización de los equipos existentes".
En las salas de espera del edificio Arantzazu del Hospital las conversaciones giran en torno al mismo tema, el calor. Los usuarios mantienen botellas de agua cerca y usan abanicos. "Justo estábamos comentado que hace mucho calor. Acabamos de llegar, no llevamos más de cinco minutos, pero como las habitaciones estén igual de calientes...", comentaba una pareja.
En la cafetería del centro, Raquel Sánchez y Vania Ferreira coinciden en que "sí que hace bochorno". Vania, que acude a una revisión estando "embarazada de 31 semanas", añade que "en la sala de espera hacía calor, pero en la consulta se estaba aún peor, había más bochorno". Destaca que "han estado muy pendientes de nosotros, mirando el termómetro y asegurándose de que nos encontráramos bien".
Ana y Daniel Calzado han encontrado un hueco bajo la sombra en uno de los parques junto a la entrada del Hospital. Ana explica que su familiar "me ha llamado para ver si podía venir antes porque quería salir de la habitación y que le diera el aire, dentro hace demasiado calor". "Primero ha pasado unos días en el edificio Amara, donde había unos cuatro ventiladores que iban pasando de habitación en habitación, pero aquí –por el edificio Aranzazu– no", apunta.
Toñi Pedraz, sentada en su andador junto a la puerta del edificio Gipuzkoa, explica que a su hijo le operaron hace unas horas y prefiere esperar fuera porque "dentro no se puede estar". "Las habitaciones son pequeñas y en cada una hay dos pacientes. A nada que coincidan las visitas y vengan dos familiares por paciente, se concentran muchas personas en la sala y eso es un horno". "El calor es insoportable. Aquí fuera estoy mejor", sentencia.



