En 1926, la playa de la Concha de San Sebastián vivió una de sus mayores transformaciones, con el cambio de las viejas casetas que ocupaban gran parte de sus arenas por las cabinas instaladas en el entonces nuevo voladizo. Este cambio, según se publicó en la edición de La Voz de Guipúzcoa del 18 de abril de 1926, destacaba que la nueva fórmula generaría un importante superávit económico.
La transformación de la playa: Se va a embellecer extraordinariamente, y en vez de costar dinero a la ciudad, le proporcionará 65.000 pesetas por temporada.
Los cálculos del periódico indicaban que en la temporada de 1924, el gasto de la playa, incluyendo material, conservación, personal, salvamento y lanchas de auxilio, ascendía a unas 30.000 pesetas. Gracias a las tarifas de alquiler de las nuevas cabinas, los ingresos previstos para 1926 eran muy superiores, esperando un superávit de unas 65.000 pesetas.
Las nuevas cabinas se extendían a lo largo del voladizo, con cuatro unidades entre cada dos columnas. Cada cabina medía 1,60 por 1,40 metros y estaban “forradas de azulejos belgas”. En aquella época, la temporada de playa se prolongaba hasta mediados de octubre, mucho más que en la actualidad.
Esta modificación mejoró la higiene, la comodidad y la estética, aunque algunos consideraron que se había perdido “un poco de gracia”. En la playa de Ondarreta, sin embargo, se mantuvieron las viejas casetas de madera, algunas procedentes de la Concha, descritas como “hornos rodantes” por su aspecto y precarias condiciones higiénicas.




