La apariencia de este pez no es la más común: posee un cuerpo ovalado y aplanado, con un color que va del gris oscuro casi negro a un brillo plateado. En los pueblos de la costa vasca recibe diferentes nombres; en Mutriku y Gipuzkoa, por ejemplo, se le llama “papardo”, y en Bizkaia “papardo beltz”. En la zona de Donostia, sin embargo, se le conoce como “palometa”, quizás porque sus aletas recuerdan a las alas de las palomas.
La palometa, con el nombre científico de Brama brama, es un pez vertebrado que puede alcanzar entre 40 y 50 cm, aunque en el Mediterráneo se limita a 30 cm. Vive en mar abierto, en la columna de agua entre 100 y 400 metros, alimentándose de pequeños peces, cefalópodos y krill. Actualmente no se encuentra en la lista de especies protegidas.
Aunque es una especie solitaria, se agrupa en pequeños cardúmenes para buscar protección. En la oscuridad de las profundidades, su cuerpo negro es una ventaja para esconderse de los depredadores. El brillo plateado que emite cuando los rayos del sol o la luna inciden en su piel es una estrategia para encontrarse. Sus grandes ojos, similares a los de un búho, le permiten cazar en la oscuridad y confundir a sus presas.
Alcanza la madurez sexual a los 3-4 años. En otoño, migra a zonas subtropicales para reproducirse, y las hembras liberan miles de huevos en cada puesta. Hacia el verano, se extiende a latitudes más altas donde hay más alimento, buscando temperaturas de 14-15°C a 200 metros de profundidad. Si en el Mar Cantábrico esta temperatura es más fría, permanecerá en el sur.
Si logra evitar a depredadores y pescadores, puede crecer hasta medio metro y vivir hasta 10 años. Su naturaleza solitaria dificulta la pesca en grandes cardúmenes, pero poco puede hacer frente a las redes gigantes que filtran el área pelágica. Los pescadores artesanales, sin embargo, le tienen gran aprecio, y cuando es capturada con aparejos de fondo, su carne adquiere una textura y color similar al pollo, siendo muy valorada.




