Joseba Irazusta, nacido en Lasarte en 1972, se mudó a Amezketa hace dieciséis años, impulsado por su pasión por el entorno rural y el euskera. Desde niño, sus dos grandes sueños fueron ser futbolista y baserritarra (campesino). Como futbolista, debutó con la Real Sociedad a los 19 años y pasó una década en equipos de Segunda y Segunda B División en España, incluyendo Eibar, Sabadell, Córdoba, León, Avilés y el segundo equipo del Alavés, antes de retirarse a los 36 años.
Su carrera profesional le brindó importantes lecciones de vida, como la importancia de la alimentación, aprender a cocinar y valerse por sí mismo. Conoció a diversas personas en los vestuarios, lo que le enseñó que, a pesar de las diferencias ideológicas, los proyectos pueden prosperar con colaboración. Destaca que el deporte es justo, ya que cada uno compite con sus propias habilidades, y esto le ha sido útil en la vida.
Actualmente, es coordinador de deporte escolar en Zumadi, una labor que desempeña desde hace seis años. Comenzó con dos equipos y este curso gestiona cinco, que compiten en baloncesto, fútbol y balonmano. Además, realizan otras actividades deportivas como piragüismo, buceo, escalada, tenis de mesa y deportes rurales. También acuden niños de Abaltzisketa y Orendain, sumando un total de unos 45 niños. Decidió crear equipos femeninos porque, a partir de cierta edad, las niñas quedaban rezagadas en equipos mixtos, lo que ha aumentado su participación y disfrute.
“"Hemos acertado con la decisión de sacar un equipo de chicas: participan más en el juego."
Irazusta considera que el deporte escolar y el federado son complementarios, y aboga por enseñar la competitividad de manera sana. En su opinión, el deporte enseña humildad y trabajo en equipo, y es fundamental que todos los niños sientan que contribuyen al equipo, valorando por igual a quien marca un gol y a quien roba un balón.
Además del deporte, Irazusta también se dedica a la ganadería como aprendiz, criando vacas de raza Highland en su explotación Behigorri. Estas vacas son para carne y pastan libremente en Aralar durante muchos meses al año. Eligió esta raza porque ofrece una carne sana, baja en colesterol y muy sabrosa, ya que los animales se crían de forma natural y en libertad. Afirma que Aralar posee una energía especial y que allí siente sus raíces, como el lugar donde ha encontrado su sitio en la vida.




