Decidió sacarse el carnet de conducir alrededor de los 60 años, y lo considera una de las mejores decisiones de su vida. Inicialmente, dependía de su marido y estaba sujeta a horarios, especialmente cuando vivían en Eibar. Finalmente, se animó a sacarlo tras el consejo de una amiga y las limitaciones de usar el autobús.
Siempre tuvo en mente la idea de tener el carnet, pero lo pospuso por diversas razones: un embarazo, otras responsabilidades y la dificultad para concentrarse. Vio la oportunidad ideal cuando su hija empezó en la Ikastola y comenzó a estudiar, logrando finalmente aprender a conducir.
Destaca que el carnet de conducir le ha proporcionado una inmensa independencia. Ahora puede ir al caserío, estar con los niños y llevarlos de un sitio a otro sin depender de los horarios del autobús. Afirma que ha sido lo mejor que ha hecho en su vida.
Anima a otras personas a aprender a conducir sin miedo. Si no lo consiguen al primer intento, lo harán al segundo o al tercero, o como ella misma hizo. Aunque aprobó la teórica a la primera, la práctica le costó más. Sin embargo, ha seguido conduciendo y utiliza el coche a menudo para visitar a familiares, ir de compras y otras gestiones, considerando que es esencial, especialmente para quienes viven en zonas rurales.
También ha realizado viajes más largos, como a San Sebastián e incluso a Bélgica para ver las carreras de su sobrino ciclista profesional. Relata que ha conducido en esas experiencias sin sustos ni nerviosismo, y que lo importante es ir a su propio ritmo.
Le gusta escuchar la radio mientras conduce, considerándola una buena compañera de viaje. Actualmente, suele escuchar la música que ponen sus sobrinos. Aconseja precaución al volante, especialmente al compartir la carretera con ciclistas y otros vehículos.




