La pulsera anti-calor, obligatoria para los trabajadores de carreteras en Gipuzkoa

Un dispositivo tecnológico monitoriza el riesgo térmico y avisa antes de que aparezcan los síntomas del golpe de calor.

Imagen genérica: una pulsera en el brazo de un trabajador de carretera, con un paisaje de Euskadi al fondo.
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Imagen genérica: una pulsera en el brazo de un trabajador de carretera, con un paisaje de Euskadi al fondo.

Los operarios de mantenimiento de carreteras en Gipuzkoa utilizan una pulsera que monitoriza el riesgo térmico y alerta de golpes de calor, siendo obligatoria su portación.

Es una estampa cada vez más habitual: trabajadores de mantenimiento de carreteras con una pulsera de aspecto moderno en la muñeca. Aunque la mayoría de las que se ven en el mercado son negras, en Gipuzkoa también destacan las blancas y azules. Este dispositivo no marca la hora ni ofrece GPS; su función es monitorizar el riesgo térmico del trabajador. En días de calor extremo como los de esta semana, se ha convertido en una herramienta de trabajo tan indispensable como el casco o los guantes, con un único objetivo: avisar antes de que llegue el golpe de calor, incluso antes de que el propio trabajador note nada.
"Si la pulsera te dice que te pares, te paras", resume Igor San José, responsable sindical de ELA en construcción y mantenimiento de carreteras. No hay margen para la discusión.

"Si la pulsera te dice que te pares, te paras"

Igor San José · Responsable sindical de ELA en construcción y mantenimiento de carreteras
Los trabajadores deben colocarse la pulsera al menos 15 minutos antes de comenzar la jornada, formando parte del uniforme. Funciona mediante un LED que indica en todo momento el estado de riesgo del operario. También se utiliza para trabajos específicos en otras empresas del territorio cuando las condiciones de calor se vuelven complicadas.
Esos 15 minutos previos son cruciales, ya que la pulsera necesita registrar una referencia inicial antes de empezar la jornada para poder detectar posteriormente variaciones significativas. A partir de ahí, evalúa en tiempo real el riesgo térmico de la persona. Cuando detecta una situación de riesgo, emite tres avisos simultáneos: una alarma sonora, una señal visual y una vibración.
Los protocolos de las empresas que ya emplean este dispositivo son muy claros: si salta la alarma, el trabajador debe hidratarse y buscar la sombra o el interior de un vehículo refrigerado, incluso si no presenta ningún síntoma. Esa es la clave. La pulsera actúa en esa franja crítica en la que el cuerpo ya está en riesgo pero la persona aún no es consciente de ello. Solo se puede volver a trabajar cuando el LED vuelve a parpadear en verde, tras un tiempo prudencial, y en ningún caso si el trabajador sigue sintiéndose indispuesto.
Se trata de un dispositivo cuyo coste ronda los 50 euros por unidad. En los protocolos de empresas de referencia en mantenimiento de carreteras en Gipuzkoa, la pulsera figura en el apartado de Equipos de Protección Individual (EPI), junto a la gorra y la crema solar. Su uso es obligatorio para quienes trabajan expuestos al sol, debe llevarse durante toda la jornada, y la empresa registra tanto su entrega como su devolución.