En un mundo actual, donde la conectividad constante y los estímulos nos rodean, una persona se describe a sí misma como adicta. Destaca la frustración de tener muchas ideas pero carecer de tiempo y energía para llevarlas a cabo, lo que la sumerge aún más en un estado de dependencia de los estímulos.
A pesar de experimentar momentos de liberación, señala que el flujo constante de estímulos externos o una sobredosis alteran su estado. Se reconoce esclava de los estímulos, deseándolos aunque no los quiera, y acepta conscientemente su dependencia, lo que la convierte en adicta.
Sueña con la posibilidad de mirar al techo de la habitación, recuperando la tranquilidad que antes lograba con tanta facilidad. En un proceso de transición de ser quien es a quien quiere ser, está intentando construir una relación más saludable consigo misma.
El objetivo es "aprender a estar", simplemente, presente. Espera desconectar gradualmente y liberarse de la dependencia de los estímulos. Quiere asumir el control, en lugar de dejarlo en manos de las múltiples "agitaciones" externas. O, si no es así, al menos, que esté guiado por un motivo sólido.




