No es común que un joven elija el camino de la costura, pero Maialen Ballina encontró su pasión en un curso en Aramaio. "Desde entonces no he parado", afirma. La tradición familiar también influye, ya que siempre ha habido costureros en la familia de su padre, y mucha de la ropa de su infancia fue hecha por su tía.
Aunque la costura y los rallies son mundos muy diferentes, Ballina encuentra un fuerte sentido de comunidad en ambos. "En los rallies, por ejemplo, siempre hay alguien dispuesto a ayudar, nos apoyamos mutuamente. En la costura ocurre algo similar; nos reunimos en pequeños grupos y, aunque cada uno tenga su proyecto, nos cuidamos y apoyamos", explica.
En los rallies, el piloto acapara el protagonismo, pero el trabajo del copiloto es crucial. "Siempre hay presión, especialmente en rutas desconocidas, pero la confianza es la clave", dice Ballina, describiéndose a sí misma como "una persona tranquila, que evita los conflictos".
Además de manejar la máquina de coser, se considera "todoterreno": "Si hay que conducir un tractor, estoy lista; si hay que cortar el césped o mover a las yeguas, también". Es una persona sociable y "muy fiestera".
No es alguien que se quede quieta. "Siempre estoy haciendo planes o pensando en algo. Si me aburro, me doy cuenta de que no estoy a gusto y busco algo que hacer. Siempre tengo algo que coser, alguna tarea en casa o algún plan que surge", comenta.
Mirando hacia el futuro, le gustaría seguir viviendo en Aramaio dentro de diez años, manteniendo su entorno: "familia, amigos y el estilo de vida que tengo ahora. Vivo muy feliz y me gustaría seguir así".
Si tuviera que ceder el volante de un coche a ciegas, solo se lo daría a su padre, "él me introdujo en el mundo del motor; aprendí a conducir con él". Con humor, menciona a alguna persona mayor del pueblo, "a veces son un gran riesgo".




