“"El hombre de ciudad denosta, muchas veces, con ligereza imperdonable, al 'cashero', porque apuesta en la prueba de bueyes, en las pugnas de 'aizkolaris', en las peleas de carneros. Como si no fuera vicio de jugador menos justificado el de quienes apuestan en los juegos de azar, en partidas clandestinas de poker, bacarrá y tute subastado."
El escándalo de la apuesta de bueyes en Astigarraga: sebo y gasolina hace 80 años
Una exhibición histórica de un buey de 600 kilos en Astigarraga hace ocho décadas terminó en un escándalo de apuestas nulas y sospechas de 'juego sucio', según las crónicas de la época.
Por Erredakzioa Euskadi Egunkaria
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Imagen genérica de una prueba de bueyes histórica en Astigarraga, con una gran piedra y espectadores difuminados.
Hace ocho décadas, lo que prometía ser una exhibición histórica de un buey de 600 kilos en Astigarraga, acabó en un sonado escándalo de apuestas nulas y sospechas de 'juego sucio', tal como recogen las crónicas de la época.
El mundo del deporte rural y sus apuestas es rico en anécdotas. Hoy recordamos un sonado caso que ocurrió con una prueba de arrastre de piedra por bueyes que se celebró en Astigarraga hace ochenta años. El encabezamiento del texto que dedicó al asunto EL DIARIO VASCO el 17 de abril de 1946 decía: «En una prueba de bueyes, en Astigarraga, embadurnan la piedra con sebo y luego la incendian con gasolina».
El suceso tuvo lugar en Astigarraga, cuando era barrio donostiarra (estuvo anexionado desde 1941 hasta 1987). Ramón Goicoechea aseguró que un solo buey de su propiedad, un magnífico ejemplar de 600 kilos —comparables a los toros de Manolete y Arruza—, haría 53 'plazas' en 50 minutos, arrastrando una piedra de 1.500 kilos.
El reto movilizó a toda la comarca, congregando a un considerable gentío en la plaza de Astigarraga. La entrada costaba 6,25 pesetas y se habían realizado numerosas apuestas. Sin embargo, el domingo 14 de abril de 1946, los curiosos descubrieron que la piedra había sido embadurnada con sebo por la parte inferior. Este truco, presumiblemente para facilitar el deslizamiento de la piedra, generó un gran escándalo.
Para resolver el incidente, se decidió rociar la piedra con gasolina y prenderle fuego para eliminar completamente el sebo. La piedra fue removida varias veces y sometida a la acción del fuego durante un largo tiempo. Una vez iniciada la prueba, el buey arrastraba la piedra a buen ritmo, pero al llegar a la plaza 27, la piedra se partió en dos pedazos. Es probable que los movimientos para limpiarla y el fuego la hubieran debilitado. La prueba quedó interrumpida.
Los apostantes tuvieron dificultades para aceptar la suspensión. En aquel entonces, en 1946, la Federación Atlética Guipuzcoana controlaba estas pruebas, ya que no existía una federación específica de herri kirolak. La federación decidió declarar nulas todas las apuestas y no devolver el importe de las entradas. Este incidente, sin duda, añadió 'salsa' a la situación, culminando con una piedra de 1.500 kilos ennegrecida y rota.



