El Santuario de Leintz Gatzaga fue el escenario del emotivo homenaje a los protagonistas del viaje que hace 65 años proclamó a la Virgen de Dorleta como patrona de los ciclistas. Ángel Serrano (91 años), José Luis Serrano (84 años) y José Luis Sáenz de Olazagoitia (84 años) se reencontraron en un acto cargado de recuerdos y emoción.
La aventura, calificada como «bendita locura», comenzó el 28 de julio de 1960. Ángel Serrano (25 años), su hermano José Luis (18 años) y el gasteiztarra José Luis Sáenz de Olazagoitia (19 años) partieron desde el Santuario de Dorleta con la misión de solicitar al Papa Juan XXIII la autorización para nombrar a la Virgen patrona de los ciclistas. Recorrieron 1.846 kilómetros en nueve días, con etapas de más de 200 kilómetros, sobre bicicletas que pesaban más de 20 kilos en vacío.
“"Es un momento muy emotivo."
Tras 65 años sin verse "por circunstancias de la vida", los tres pioneros se fundieron en un abrazo, llevando el nombre de Dorleta y Leintz Gatzaga hasta Roma a golpe de pedal y fe. Emilio Quiles, exdirector del equipo La Brasileña, calificó la expedición como "milagrosa".
El homenaje, organizado por el club Dorletako Ama Txirrindulari Elkartea y el Ayuntamiento de Leintz Gatzaga, reunió a una treintena de familiares. Olazagoitia, uno de los que aún sigue pedaleando, confesó: "con 84 años no se puede pedir más". Ángel Serrano, el mayor y mecánico oficial de la expedición, celebró su 91 cumpleaños con este emotivo recibimiento.
El viaje culminó el 5 de agosto de 1960 en Roma. Tres días después, recibieron una audiencia especial del Papa Juan XXIII en su residencia de verano de Castelgandolfo, quien bendijo la proclamación de la Virgen de Dorleta como patrona de los ciclistas.
Recordaron anécdotas como el peso de las alforjas, que Ángel Serrano estimó "psicológicamente, tonelada y media". Tuvieron que dormir en el pórtico de una iglesia y comprar corbatas en el último momento para poder acceder al Palacio de Castelgandolfo, ya que no llevaban ropa formal. La clave para llegar hasta el pontífice fue la intermediación de Monseñor Laboa, quien les proporcionó contactos cruciales.




