El Paseo Cubierto de Deba estrena un mural que narra la historia y el espíritu local
El emblemático Paseo Cubierto de Deba, diseñado por el arquitecto Manuel Echave Zalacain en 1910, ha sido restaurado y ahora luce un mural que refleja el pasado y futuro de la localidad.
Por Nerea Goikoetxea Arana
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Mural colorido en la fachada trasera del Paseo Cubierto de Deba, representando la historia y vida local.
El Paseo Cubierto de Deba, una construcción emblemática de 1910 diseñada por el arquitecto Manuel Echave Zalacain, ha sido objeto de una restauración y ahora cuenta con un mural de Lian Montserrate que refleja la historia y el espíritu de la localidad.
El Paseo Cubierto de Deba, obra del arquitecto donostiarra Manuel Echave Zalacain, data de 1910 y es una de las edificaciones más representativas de la localidad. El paso del tiempo había dejado su huella, lo que motivó un proyecto de restauración que le ha devuelto su esplendor original. Próximamente, una segunda fase impulsada por el Ayuntamiento de Deba incluirá la instalación de cristaleras en su perímetro para proteger a los transeúntes de la lluvia y el viento.
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"En estos momentos, el proyecto está en fase de redacción pero, si se cumplen los plazos previstos, se contempla que las cristaleras estarán colocadas para el próximo otoño."
Complementando esta restauración, la fachada posterior del Paseo Cubierto ha sido transformada con un vistoso mural creado por la artista Lian Montserrate. Esta obra busca reflejar el espíritu de la localidad costera a través de diferentes escenas. Montserrate, muralista de raíces catalanas y estadounidense residente en Bizkaia, es conocida por sus trabajos en otras localidades de Debabarrena.
El proyecto del mural se gestó a finales de 2019, cuando un corrimiento de tierras entre Deba y Zumaia interrumpió el tráfico ferroviario. Lian Montserrate vio una oportunidad para trabajar en la fachada cercana a la estación. Aunque el proyecto se pospuso inicialmente, el Ayuntamiento de Deba lo retomó en febrero, coincidiendo con la restauración del paseo. A pesar de que Montserrate se encontraba en Australia en ese momento y el plazo era de un mes, aceptó el desafío, trabajando intensamente y bajo condiciones meteorológicas adversas.
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"Fue tocar tierra y empezar a pintar. Era una locura: pintar y dormir, no hacía nada más."
El mural se compone de seis escenas que, leídas de izquierda a derecha, forman una secuencia narrativa. Comienza con el flysch y un amanecer, seguido por la cueva de Praileaitz como guiño a la prehistoria local, y una recreación en blanco y negro de una fotografía antigua de la playa de Deba. El recorrido visual continúa con una joven viajera en tren, que representa el presente, y dos niños corriendo con el testigo de la Korrika, simbolizando el futuro. La obra culmina con un atardecer sobre Santa Katalina, cerrando el ciclo temporal. Este mural convierte al renovado Paseo Cubierto en un escaparate visual de la identidad de Deba, poniendo en valor su paisaje, historia y vida.