Eibar ha reafirmado su profunda conexión con el ciclismo al celebrar los 45 años de su organización ciclista. Este evento simbólico destacó el arraigo de este deporte en la ciudad y el papel fundamental que ha desempeñado durante décadas en la promoción del ciclismo de base y de competición.
Javier Riaño y Julián Eraso, responsables de la organización de las pruebas ciclistas eibarresas, subrayaron el trabajo constante que ha permitido mantener viva una estructura organizativa clave para que Eibar siga vinculada al ciclismo. Ambos resaltaron el esfuerzo de numerosas personas a lo largo de varias generaciones y la capacidad de la ciudad para preservar una tradición que ha impulsado pruebas, generado afición y proyectado el nombre de Eibar dentro y fuera de Gipuzkoa.
“"La Itzulia es la prueba de referencia para Eibar y la apoyamos desde 1989. No podemos olvidar que nos sitúa en las televisiones de 200 países."
El alcalde, Jon Iraola, recordó que «la Itzulia es la prueba de referencia para Eibar y la apoyamos desde 1989». Hizo hincapié en la proyección internacional que supone para la ciudad mantener su vínculo con las grandes citas ciclistas.
Entre el público se encontraba el ciclista Omar Fraile, quien evocó con emoción su victoria en la ciudad. «Eibar me trae muchos recuerdos porque gané en 2018 la prueba. Cuando he visto un cartel de 300 metros-meta me he emocionado mucho», señaló.
Riaño y Eraso repasaron el origen de esta trayectoria organizativa, que se remonta a 1981, cuando decidieron asumir la organización de la Subida a Arrate. De esta iniciativa surgió más tarde Euskal Bizikleta, una carrera que creció desde mediados de los años ochenta hasta adquirir un formato de varios días. En 2009, Euskal Bizikleta se unió con Organizaciones Deportivas de EL DIARIO VASCO, dando lugar a OCETA (Organizaciones Ciclistas de Euskadi). Sin embargo, desde 2017, el peso de la organización recayó exclusivamente en el equipo eibarrés.
Los responsables de OCETA también destacaron la complejidad de mantener vivo un evento de esta magnitud. Aunque el trabajo anual recae en un comité más reducido, explicaron que en las semanas previas a la prueba, y especialmente en los últimos quince días, se moviliza un gran número de personas para dar forma al evento y gestionar una estructura que implica controlar a cerca de un millar de personas.
A pesar de la dimensión logística que conllevan aspectos como el tráfico o la seguridad, Riaño y Eraso coincidieron en que el principal desafío sigue siendo la financiación. «Si no hay financiación, no hay nada que hacer, y el Ayuntamiento de Eibar ha sido clave», resumieron, aludiendo al papel de empresas e instituciones para garantizar la continuidad de la prueba. Consideran que este es el gran caballo de batalla para asegurar el futuro de las competiciones ciclistas organizadas desde Eibar.
Aun así, ambos defendieron que la ciudad mantiene intacto su peso simbólico dentro del ciclismo vasco. «Eibar siempre ha sido y sigue siendo un poco la capital del ciclismo de Euskadi», afirmaron, convencidos de que la tradición, la experiencia acumulada y la historia juegan a favor de una localidad que ha sabido conservar su prestigio incluso en un contexto deportivo cada vez más exigente.




