El alcalde de Eibar, Jon Iraola, ha manifestado que este reconocimiento es “muy merecido”, elogiando la valentía y fidelidad de la ciudad a la República. Subrayó el coraje demostrado al proclamar la República en 1931 y la lealtad mantenida posteriormente a los valores republicanos y a la legalidad democrática.
Esa lealtad, recordó, trajo consigo terribles consecuencias a partir de 1936, incluyendo la represión, la dictadura y el bombardeo de 1937. Para el regidor, la declaración recibida representa una cuestión de dignidad y una reparación necesaria para la memoria de la ciudad.
“"Es un día muy importante para Eibar por su valentía y fidelidad a la República."
En el acto celebrado en Unzaga, donde hace 95 años la música, las banderas y la esperanza anunciaban una nueva etapa para el país, se volvió a escuchar un mensaje de libertad, justicia y paz. Esta vez, sin embargo, el mensaje estaba atravesado por el peso del tiempo, la conciencia de lo perdido y la necesidad de preservar lo conquistado.
La placa descubierta no solo reconoce un episodio histórico, sino que también fija en la piedra una identidad colectiva: la de una ciudad obrera, valiente y castigada, que se adelantó a su tiempo y pagó caro su compromiso con la democracia.
La viceconsejera de Derechos Humanos, Memoria y Convivencia, Arritxu Marañón, puso el foco en otra dimensión esencial de la jornada: la memoria de las mujeres, a menudo relegada a un segundo plano. En este contexto, recordó la figura de la eibarresa Libertad Betolaza, a quien no se le permitió registrar ese nombre y tuvo que llamarse María Pilar. Marañón resumió en su biografía gran parte de la historia del siglo XX: la temprana pérdida de sus padres, el exilio familiar a Barcelona, el cambio forzado de identidad, el regreso a Eibar, el trabajo en la clandestinidad desde el Partido Socialista y su posterior papel como concejala de la ciudad.
Con este ejemplo, la viceconsejera quiso reivindicar el papel fundamental que desempeñaron tantas mujeres en la lucha por la democracia y la libertad, una aportación que con demasiada frecuencia ha quedado invisibilizada. Su intervención añadió una dimensión humana y profundamente simbólica al acto, al recordar que la memoria democrática no solo se escribe desde los grandes nombres y los grandes acontecimientos, sino también desde trayectorias personales marcadas por la dignidad, la renuncia y la resistencia.




